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actualizado 24 de mayo 2010

 
Sangre para salvar vidas
 
Por Jessica Murillo Ávila*  
(foto C. Pérez)

Muchas personas asocian la donación de sangre con accidentes de tráfico, fallos en una operación, enfermedades crónicas… Son algunas de las ideas que vienen a la cabeza cuando se observa el cartel de “se necesita sangre” en los hospitales. Sin embrago, la realidad es menos dramática.

Las necesidades de sangre son constantes para cualquier intervención quirúrgica puede requerir una transfusión de sangre, e incluso muchas personas con enfermedades sanguíneas la precisan de manera regular.

La sangre tiene una vital importancia pero con una composición química tan compleja que no se puede reproducir de manera artificial. Sólo puede obtenerse por la donación de otras personas. Y es necesaria para todos aquellos que necesitan las transfusiones para vivir. Su presencia y almacenamiento en los hospitales para casos de necesidad inmediata nunca deberían faltar. Pero faltan.

Aunque la necesidad de sangre es universal, el acceso a sangre segura presenta grandes diferencias entre los países ricos y empobrecidos. Se calcula que, en general, el mínimo necesario para atender las necesidades más básicas de un país es que el 1% de su población sea donante (10 donantes por 1000 habitantes). Millones de pacientes no tienen acceso a sangre segura cuando la necesitan. El programa de la OMS sobre la Seguridad de las Transfusiones Sanguíneas efectúa un seguimiento de los principales indicadores de la seguridad de la sangre para observar las tendencias y progresos, así como para identificar a los países que necesitan apoyo de forma prioritaria.

La donación de sangre es un acto desinteresado. Se lleva a cabo a través de los bancos de sangre, hospitales y centros de transfusión. Estos bancos deben estar siempre abastecidos de sangre de todos los grupos. Esto no puede conseguirse sin donantes. Aquí es donde radica el problema. Existen muy pocos donantes para las necesidades que hay. La causa de esta ausencia son los temores infundados que tienen las personas que gozan de buena salud y que, por tanto, podrían ser donantes. Estos miedos surgen por el desconocimiento y la falta de información.

Algunas personas temen adquirir infecciones y otras tienen pavor a las agujas. Sin embargo, el proceso de extracción de sangre es sencillo e indoloro. Suele durar entre quince minutos y una hora, desde que se recibe al donante. Todas las donaciones se organizan con materiales desechables y desinfectados. Asimismo, el dolor de las agujas es casi inexistente. El personal tiene suficiente formación para sus tareas y para afrontar posibles emergencias. Además, la sangre donada se analiza bien para evitar infecciones. Todo ello lleva a que los riesgos para los donantes sean muy escasos.

Es cierto que la cantidad de donantes ha aumentado en los últimos años. No obstante, la proporción de gente que se anima a donar es aún muy pequeña debido al desconocimiento sobre el tema. Esto denota que las campañas de sensibilización sobre las donaciones de sangre no están siendo efectivas.

Para cambiar esta situación, sería conveniente mejorar las campañas, ampliar los horarios de las donaciones y mejorar las instalaciones donde se llevan a cabo. Y sobre todo, dar información sobre cuantas vidas se pueden salvar. Pues la principal motivación de muchos donantes es la solidaridad. También es importante describir qué tipo de personas pueden donar y cuáles no.

El principal requisito para donar sangre es la voluntad de realizar un acto desinteresado y solidario. Ahora bien, no cualquier persona puede donar. Existen varios requisitos. El más importante es ser mayor de 18 años, gozar de una buena salud y pesar más de 50 kilos.

La frecuencia máxima es de 4 veces al año para hombres y 3 para mujeres. En algunos bancos de sangre se pone límite de edad hasta los 66 años. Para proteger la salud de los donantes, se excluye a las mujeres embarazadas y a los que padecen trastornos cardiovasculares, hipertensión o tuberculosis. Tampoco pueden donar los que padezcan alguna enfermedad o estén tomando medicamentos. Casi todo el mundo puede donar sangre y salvar la vida de muchas personas.

(*)Periodista/ccs@solidarios.org.es

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