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actualizado 3 de octubre 2011
Primero la equidad, luego la igualdad
En pocas palabras la equidad de género debe ser reconocida como una práctica universa
Por Ignacio Pareja Amador
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La sociedad global está se encuentra en una encrucijada donde se busca ubicar al individuo en el centro de las decisiones del poder político. Cada día somos más seres humanos, por lo que el reconocimiento de una cualidad intrínseca como miembros de esta especie, nos brinda el sustento para seguir luchando por un mundo más digno, justo y prospero, en el que toda persona que se esmere por sus objetivos tenga la firme convicción de que algún día logrará alcanzarlos.

Para obtener este anhelo, debemos comenzar por preguntarnos si estas garantías son las mismas para todos los miembros de la sociedad, si estamos en las mismas condiciones para competir por un mismo objetivo, si más allá de las disparidades económicas o raciales, en nuestra sociedad existe equidad entre mujeres y hombres.

¿Y por qué nos referimos a equidad y no a igualdad? Porque desde el punto de vista biológico somos distintos, cada género tiene características que los diferencia, pese a que en un principio estrictamente legal se nos reconozca a todos los ciudadanos, independientemente del género, con los mismos derechos.
Por tanto no podemos decirnos iguales si por naturaleza somos distintos, y por una cuestión consuetudinaria hemos jugado un rol desigual en nuestras sociedades a lo largo de la historia.

La equidad se refiere a la “[…] Propensión a dejarse guiar, o a fallar, por el sentimiento del deber o de la conciencia, más bien que por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley”. Es más una cualidad que tiende a “[…] dar a cada uno lo que merece”.

Ante este panorama, hay que dejar en claro que la desigualdad de géneros y la inequidad son cuestiones que responden a una estructura antropocéntrica, donde el dominio de la fuerza fue determinante para instaurar un papel que quizá en tiempos pasados se justificaba ante las circunstancias de ferocidad que vivió el ser humano, pero que hoy en día, con los avances tecnológicos y la ocupación del sexo femenino en casi todos los peldaños de la sociedad, se percibe como una cuestión que requiere de un cambio.

Las mujeres del mundo han logrado que sea un ideal para la humanidad el fomento de la equidad de géneros, lo vemos tanto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros documentos de la legislación internacional, como en el tercer Objetivo del Desarrollo del Milenio, y en las cuotas de género, que en esencia buscan aumentar la presencia femenina en los puestos de poder.

Tenemos por tanto que este es un tema complejo, por lo que la respuesta de la sociedad debe ser integral. El cambio no sólo debe ser impulsado por el gobierno, sino por los demás actores de la comunidad. Hay que transformar el sistema desde sus bases, algo que puede ser inducido desde las instituciones y más importante desde los hogares, para evitar que nuestros hijos se perciban superiores a nuestras hijas, o que éstas se sientan inferiores, cuando no lo son.

Es cierto que las condiciones económicas de cada hogar influyen para ampliar la brecha de género, sin embargo, es un factor que no determina la equidad de derechos, pues hay naciones que pese a contar con altos ingresos per capita, apenas comienzan a brindarles los mismos derechos a hombres y mujeres, como ha sucedido en Arabia Saudita, donde hasta hace un par de meses las mujeres no podían ejercer el derecho del voto.

Por ello decimos que es muy importante que en el proceso de desarrollo de los países, primero se reconozcan las garantías, los derechos, las responsabilidades, obligaciones y las libertades y después se busque el progreso económico. En este caso el orden de los factores sí altera el producto.

Más que una lucha de géneros hay que promover una sociedad equitativa, donde la convivencia y el acceso a mejores condiciones de vida se den por el mérito y la eficiencia, de manera que es necesario impulsar políticas que impidan la discriminación de cualquier grupo, pero que tomen en cuenta las diferencias en el rol social del hombre y la mujer, o sea que tengan una perspectiva de género.

Equidad, no es lo mismo que igualdad, pero la primera busca crear las condiciones optimas para que sea posible la segunda, aunque antes requiere de un proceso que modifique las estructuras que han imperado por siglos en las sociedades. Nos referimos a la instauración de políticas que tengan congruencia y viabilidad, que se basen en un ideal, pero que reconozcan que el mismo no puede obtenerse sin trabajo, voluntad y entrega.

En pocas palabras la equidad de género debe ser reconocida como una práctica universal, propia de la evolución del pensamiento del ser humano, fruto de su condicional racional, por ello debe ser definida como una variable capaz de adaptar los sistemas tradicionales de dominación de ciertas culturas, hacia nuevas formas de convivencia entre hombres y mujeres.

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