Ni en coche ni en bici: un alemán va al trabajo nadando por el río Isar

Múnich – Desde finales de marzo, un dispositivo para contar vehículos registra el número de ciclistas que cruzan el puente Ludwigsbrücke en el centro de Múnich. Mientras que en abril el aparato contaba unos 300 al día, en los días calurosos del verano son más de un millar.

Las calles están abarrotadas, los conductores hacen sonar la bocina en señal de protesta, y quienes que se desplazan en bicicleta aceleran. En esta zona muy transitada próxima al río Isar “noto una agresividad increíble entre los ciclistas, los conductores y los peatones”, comenta Benjamin David.

El muniqués, fundador y portavoz de “Urbanautas”, en sus palabras una “pequeña fábrica de ideas para la cultura y el comercio”, intenta evitar este ajetreo y por eso probó modos alternativos para llegar al trabajo hasta que, hace dos años, se le ocurrió una idea: aprovechar el río Isar para ir a la oficina.

Desde entonces, David se sumerge en el agua en la costa del río próxima a su casa y nada unos dos kilómetros hasta la playa del Museo Alemán. Su “vehículo” es un bolso especial de material impermeable, en el que David lleva su ropa, su chaqueta y su computadora portátil. El bolso flota como una boya y le permite dejarse llevar cómodamente por la corriente. David regresa a casa a pie o en transporte público.

David sólo elige otro modo de ir al trabajo si el nivel del río es de 1,20 metros más de lo normal. Cuando en abril la temperatura del agua apenas llega a los diez grados, se enfunda en un traje de neopreno. David consulta cada día estos datos en Internet y siempre lleva sandalias de baño para protejer sus pies. “La gente arroja de todo al agua, hasta bicicletas”, comenta David. Sin embargo, “el agua del Isar es casi tan limpia como la del suministro público”, subraya.

Camino al trabajo, David pasa por debajo de cuatro puentes, donde muchos se detienen y lo saludan. Porque se dedica a organizar proyectos culturales, David reflexiona sobre el modo de aprovechar los espacios públicos. “Me daría una gran alegría si más personas optaran por aprovechar el Isar”, agrega.

En su trayecto a la oficina, David también cruza sitios históricos de la capital bávara. En un sector de la costa se encuentran los antiguos embarcaderos de un puesto de alquiler de botes del siglo XIX, en otro segmento se ven ganchos que cuelgan de un muro donde se amarraron balsas durante cientos de años, una actividad comercial que fue decisiva en el desarrollo de Múnich, ya que le permitió convertirse de aldea en ciudad.

La idea de aprovechar un río para ir al centro no es nueva. En Suiza ya se ha convertido en una tendencia de moda. En Basilea, muchas personas nadan en el Rin hasta el trabajo equipados con bolsos impermeables.

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