El año del bumerán

Pero, tal como les pasó durante la campaña electoral de 2016, subestimaron la energía inagotable y la capacidad combativa de Donald Trump y este 2018 se les ha convertido en el año del bumerán

Los demócratas se pasaron los años 2016 y 2017 acusando a Donald Trump de haber conspirado con su amigo Vladimir Putin para derrocar a su “coronada” candidata Hillary Clinton. Como ocurre con todo lo que se refiere a Trump, la prensa complaciente de la izquierda se hizo eco de la acusación millares de veces. En el 2016, describieron al candidato republicano como un “energúmeno, temperamental, mal hablado, racista y mujeriego” indigno de ocupar la silla presidencial. Vaticinaron que jamás resultaría electo. Pero entonces se produjo el terremoto político del 8 de noviembre de 2016 en que Donald Trump, contra todo pronóstico, fue electo presidente de los Estados Unidos.

Los políticos demócratas no encontraban explicación para una derrota que los tomó por sorpresa. Los periodistas y encuestadores vieron caer al piso todos los vaticinios que daban como triunfadora a la Clinton. Ninguno estaba dispuesto a aceptar el fracaso o reconocer el error. Por eso en el 2017, unos y otros echaron mano a todo tipo de argumentos descabellados para explicar lo inexplicable. Inventaron una conspiración de Trump con una potencia hostil a los Estados Unidos. Si no habían logrado ganarle en las urnas dedicarían todos sus esfuerzos a obstruir su agenda, impugnar su victoria, vituperar su presidencia y hasta destruir su persona.

Pero, tal como les pasó durante la campaña electoral de 2016, subestimaron la energía inagotable y la capacidad combativa de Donald Trump y este 2018 se les ha convertido en el año del bumerán. El bumerán, cuyo origen más lejano se encuentra en las lenguas aborígenes australianas, se usa para nombrar a un tipo de arma con forma curva que, cuando se lanza con precisión, vuelve a manos de la persona que la arrojó. Sus enemigos acusaron al presidente de conspirar con Rusia. Ahora el bumerán ha regresado a ellos.

Se investiga el hecho de que fueron los Clinton y el Comité Nacional Demócrata quienes conspiraron con los elementos más despreciables de la corrupta Rusia. Pagaron doce millones de dólares a miembros de la inteligencia rusa por un mamotreto plagado de mentiras y carente de pruebas encaminado a dañar a Trump y a descarrilar su campaña. Para ocultar su participación, los Clinton hicieron el pago a través de la empresa Fusion GPS, que a su vez pagó al espía inglés Christopher Steele, quién realizó el contacto e hizo el pago a los espías rusos.

Pero lo peor no reside en el contenido del documento sino en el hecho de que el mismo puede haber servido de justificación para violar la privacidad de ciudadanos norteamericanos que participaban en la campaña presidencial de Trump. Funcionarios de la Administración Obama como Susan Rice, Samantha Powers y Ben Rhodes utilizaron el documento para pedir autorización a la Foreign Intelligence Surveillance Court (FISC) para interceptar comunicaciones telefónicas y cibernéticas de miembros de la campaña de Donald Trump. Una violación de la ley que protege la privacidad de los ciudadanos norteamericanos.

Pero esta no es la única mala noticia para estos tramposos en este 2018. La persistencia del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, presidido por un enérgico Devin Nunes, ha obligado al Departamento de Justicia y al Buró Federal de Investigaciones a facilitar documentos comprometedores hasta ahora negados al Congreso. Igual reconocimiento merece la organización Judicial Watch, presidida por Tom Fitton. Gracias a esos esfuerzos, los Clinton y numerosos miembros del Partido Demócrata son objeto de investigaciones en estos momentos por parte del Congreso, del Departamento de Justicia y del FBI sobre posibles actividades delictivas. Para no cansar al lector le ofrecemos solamente una lista abreviada de las mismas.

El servidor de correos electrónicos

Después de abandonar su cargo como Secretaria de Estado, Hillary Clinton destruyó más de 30,000 correos electrónicos, muchos de los cuales resultaron ser documentos clasificados relacionados con la seguridad nacional y estaban almacenados ilegalmente en un servidor privado. El Departamento de Justicia encabezado por Loretta Lynch y el FBI de James Comey encubrieron el delito y se negaron a procesarla.

Pero ahora las cosas han cambiado. El grupo conservador Judicial Watch ganó la semana pasada una demanda contra el Departamento de Estado y lo obligó a revelar 1,600 correos electrónicos de Huma Abeding, mano derecha de Clinton, muchos de ellos a su ex marido, el degenerado Anthony Weiner. Algunos de esos coreos eran de naturaleza clasificada y han dado origen a una nueva investigación. El Congreso y el Departamento de Justicia investigan el caso.

La Fundación Clinton y su enriquecimiento indebido

Según la cadena Fox News, el Departamento de Justicia ha lanzado una nueva investigación sobre la Fundación Clinton. Se alega que la misma obtuvo pagos y donaciones de personas que recibieron trato especial por parte del gobierno mientras Hillary era Secretaria de Estado. Por ejemplo, en julio de 2009, Zachary Schwartz, un asociado del donante Steve Bing, pidió a la Fundación Clinton ayuda para obtener visas para viajar a Cuba con el objeto de filmar escenas de una película producida por Bing. Poco tiempo después, Bing donó 25 millones de dólares a la fundación.

Uranium Uno

En el año 2010, la agencia nuclear rusa Rosatom adquirió el control de la compañía canadiense Uranio Uno. Dicha compañía tenía licencias para extraer el 20 por ciento del uranio norteamericano. El acuerdo entre Rosatom y Uranio Uno necesitaba la aprobación del gobierno de los Estados Unidos para que el mismo tuviera vigencia. La Administración Obama aprobó el acuerdo a través de una comisión en la cual la flamante Secretaria de Estado, Hillary Clinton, era uno de los 9 miembros.

Acto seguido, individuos relacionados con Uranio Uno y UrAsia donaron 145 millones de dólares a la Fundación Clinton. Bill Clinton recibió un pago de 500,000 dólares por un discurso de 20 minutos ante funcionarios del banco ruso donde se encuentran los depósitos de Rosatom.

El FBI politizado por James Comey

Por otra parte, estas recientes investigaciones no están limitadas a la versión moderna de “Bonnie and Clyde”, Hillary y Bill. El FBI del arrogante James Comey y el propio Comey están bajo la mira de los nuevos investigadores. Comey filtró información a medios de prensa en cuanto a detalles relacionados con la investigación sobre Trump y los rusos.

Y según The Washington Post, el agente del FBI, Peter Strzok, un investigador clave de la conspiración de Trump con los rusos, fue relevado de sus obligaciones en el caso. Se le acusa de intercambiar mensajes de texto con su amante, abogada y también miembro del FBI, atacando la candidatura de Trump durante las elecciones. Un prejuicio contra el presidente que lo inhabilitaría de realizar una investigación imparcial.

Al mismo tiempo, se investiga al abogado principal del FBI, James Baker y a Bruce Ohr, un funcionario de alto nivel del Departamento de Justicia, a quién se le acusa de ocultar sus relaciones con Fussion GPS y cuya esposa trabaja para esa compañía. Tengamos presente que Fussion GPS preparó el mentiroso informe acusando a Trump de conspirar con los rusos.

Trump cumple promesas y gobierna con éxito

Por otra parte, la frustración mayor para quienes desean su fracaso debe ser el éxito alcanzado por Trump como gobernante. Su primer año de gobierno rivaliza en éxitos con los de la mayoría de los presidentes norteamericanos. De nuevo una síntesis.

Una Bolsa de Valores rompiendo récords y alcanzando los 25,000 puntos. Un millón 700 mil empleos generados (250,000 sólo en diciembre) desde que tomó posesión como presidente. La tasa más baja de desempleo en 17 años, incluyendo la tasa de los ciudadanos negros. La mayor producción manufacturera desde el año 2004. La apertura de la exploración petrolera frente a las costas con el objetivo de alcanzar la independencia energética y fortalecer la seguridad nacional.

Siguiendo con los éxitos, un aumento del 6 por ciento en los precios de las casas. Eliminación de 16 regulaciones por cada nueva regulación sobre los negocios. Dos trimestres consecutivos de un crecimiento del Producto Interno Bruto por encima del 3 por ciento, nunca logrado en los ocho años de Obama. Y 1,500 millones de dólares en reducción de impuestos en la primera ley de esa naturaleza en 30 años.

Logros y hechos tangibles como los enumerados son elocuentes y sólidos a la hora de confrontar la insidia y la mentira como argumentos políticos. No hay argumento más sólido que el de los beneficios a la ciudadanía generados por un programa de gobierno. Eso lo ha logrado la Administración Trump. Si la izquierda insiste en su política de división y rencor los recibirá de vuelta en un bumerán que bien podría repetirse en las elecciones parciales de este 2018.