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actualizado 28 de nov. 2011
Durban debe aportar una hoja de ruta hacia un acuerdo mundial sobre el clima
La UE apoya el Protocolo de Kioto
Por Connie Hedegaard*
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foto cortesía
Connie Hedegaard, Comisaria Europea de Acción por el Clima

Cuando ministros y negociadores de todo el mundo se reúnan a finales de este mes en Sudáfrica con ocasión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima, será un momento crucial para hacer avanzar la lucha internacional contra el cambio climático.

Algunos podrían preguntarse: ¿no convendría esperar un poco y afrontar el desafío climático cuando hayamos resuelto la crisis de la deuda en Europa, cuando el crecimiento se haya reanudado? La respuesta es no. Las inundaciones en Tailandia o la sequía en Texas y el Cuerno de África son solo algunos de los últimos recordatorios de que el desafío del cambio climático es más urgente que nunca, ya que ese cambio se está agravando. El reciente informe World Energy Outlook de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) fue otra llamada de atención: se está agotando el tiempo y la factura será mucho más cara si no actuamos ahora.

¿Qué podemos conseguir en Durban entonces? De los comentarios de los medios de comunicación se desprende que solo existe un criterio de éxito: conseguir que los países desarrollados firmen un segundo período de compromiso del Protocolo de Kioto que suceda al primero, el cual finaliza en 2012.

Seamos claros: la UE apoya el Protocolo de Kioto. Hemos fundado nuestra propia legislación en sus principios; somos la región del mundo con el objetivo más ambicioso en virtud del Protocolo de Kioto, y lo estamos cumpliendo. De hecho, estamos en vías de superar nuestro objetivo.

Pero el Protocolo de Kioto se basa en una distinción radical entre los países desarrollados y los países en desarrollo y solo exige actuar a los países desarrollados. ¿No creen que los cambios producidos en la economía mundial durante las dos últimas décadas están difuminando cada vez más esta distinción?

Piensen en Singapur y Corea del Sur. Son grandes economías exportadoras, con unas industrias competitivas y una puntuación impresionante en el índice de desarrollo humano de las Naciones Unidas. Sin embargo, en el Protocolo de Kioto se les considera países en vías de desarrollo. Otro ejemplo es un país de dinámica economía emergente como Brasil, que tiene una industria floreciente, enormes recursos naturales y una renta per cápita bastante más alta que la de Bulgaria o Rumanía, por ejemplo.

Los patrones de la contaminación también ponen en duda la distinción entre países en vías de desarrollo y países desarrollados. Según la AIE, el aumento actual de la contaminación por CO2 lo impulsan principalmente las economías emergentes dependientes del carbón. Esta tendencia no hará sino aumentar. Hasta 2035, el 90 % del aumento en la demanda de energía se producirá en países no miembros de la OCDE. Si pensamos en China, por ejemplo, sus emisiones relacionadas con la energía se han triplicado desde 1990, lo que la convierte en el mayor país emisor del mundo. Por término medio, un ciudadano chino emite ahora más que un portugués, un sueco o un húngaro, por ejemplo. Así pues, el mundo no puede simplemente combatir el cambio climático con eficacia sin el compromiso de China y otros países de economía emergente.

Otro reto es que los Estados Unidos no se adhirieron al Protocolo de Kioto ni lo van a hacer, mientras que Japón, Canadá y Rusia han dejado claro que no tienen intención de firmar un segundo período de compromiso. En resumen, esto supone que, si la UE acepta un segundo período de Kioto con algunas otras economías desarrolladas, podría cubrir como máximo el 16 % de las emisiones mundiales, mientras que el primer período de Kioto cubría alrededor de una tercera parte de las emisiones totales. ¿Cómo puede considerarse esto un éxito para el clima?

En otras palabras, este criterio no podrá de ninguna manera mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2° C (3,6° F), que la comunidad internacional ha reconocido debe ser nuestro objetivo común.

Para que haya alguna posibilidad de conseguirlo, hace falta en realidad un marco mundial de acción de todas las grandes economías, tanto de los países desarrollados como de los que se encuentran en vías de desarrollo, un marco de acción que refleje verdaderamente el mundo del siglo XXI y en que todos los compromisos tengan el mismo valor jurídico.

La Unión Europea está abierta a un segundo período de Kioto, siempre que se mejore la integridad medioambiental de Kioto y que en Durban se acuerde una hoja de ruta y un calendario claros para ultimar dicho marco en el plazo de unos pocos años y aplicarlo a más tardar en 2020.

Espero que todos los países demuestren la voluntad política y el liderazgo necesarios para iniciar dicho proceso en Durban. En Copenhague, los dirigentes políticos se comprometieron a que la temperatura no aumentase más de 2° C. Ha llegado la hora de que prueben que iban en serio.

(*)Comisaria Europea de Acción por el Clima

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