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actualizado 4 de julio 2012
Discurso de la embajadora de EE.UU. en Managua
Redacción Central
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La embajadora de EE.UU. Phyllis Powers con el vice-presidente de Nicaragua, Omar Hallesleven.

La embajadora de EE.UU. en Managua, Phyllis Powers ofreció el el siguiente discurso ante los políticos nicaragüenses reunidos ayer en la Casona de la embajada norteamericana, donde se celebró el 236 aniversario de la independencia de EE.UU.

¡Buenas noches a todos!

Gracias por acompañarnos en la celebración del 236 aniversario de la Independencia de los Estados Unidos de América.

En esta fecha los estadounidenses, al reflexionar sobre el nacimiento de los Estados Unidos como nación, no sólo celebramos nuestras libertades, sino también los valores que nos han sustentado como pueblo a lo largo de los años. Esta es una tradición que como estadounidenses hemos celebrado tanto en casa como en el extranjero, ya sea en reuniones informales entre familiares y amigos frente a una barbacoa, como en ocasiones más formales como esta actividad que compartimos con ustedes esta noche.

La Declaración de Independencia fue realmente revolucionaria en promover y establecer la creencia que todas las personas merecen, y son acreedoras de, los derechos básicos e inalienables a la vida, la libertada y la búsqueda de la felicidad.

Estos valores de auto emancipación y optimismo hacia el futuro fueron decisivos en el desarrollo de los Estados Unidos, sin embargo, el cambio no ocurrió de la noche a la mañana. Como lo expresara acertadamente el Presidente Dwight Eisenhower, “Se verá que el logro radica en un viaje y no en un destino.”
Y nuestro viaje ha sido largo y ha estado repleto de obstáculos en el camino.

La Guerra por la independencia de los Estados Unidos duró ocho años y costó decenas de miles de vidas. Debido a choques entre facciones e intereses, le tomó dos años a nuestra generación fundadora redactar nuestra Constitución. Le tomó dos años más adoptar dichos estatutos y dos años adicionales ratificar la Declaración de Derechos, diez enmiendas a la Constitución que especificaban las libertades fundamentales que todos deberíamos disfrutar.

En 1861, tan sólo 70 años después, entramos en una sangrienta Guerra Civil, en la que cientos de miles de personas perdieron la vida para preservar la Unión y, nuevamente, hicimos una enmienda a la Constitución para reflejar la realidad que todos, independientemente de nuestra raza, debemos gozar de los derechos fundamentales a la autodeterminación y a la libertad.

Durante nuestra larga—y en ocasiones difícil—historia, hemos seguido destacando la importancia de la diversidad en nuestra sociedad, incluyendo un creciente reconocimiento al crucial papel que deben jugar las mujeres y los jóvenes para lograr nuestro progreso.

Mediante un proceso deliberado, deliberativo, y democrático, hemos enmendado nuestra Constitución un total de 27 veces con el objetivo de afianzar la garantía de que todos, independientemente de la raza, género, o edad, puedan disfrutar de los derechos inalienables de autodeterminación y realización personal. En nuestro caso, confiamos en que estos logros claramente hayan justificado nuestro viaje lleno de desafíos.

Nicaragua también está recorriendo su propio camino. En un período que apenas supera los 30 años, el pueblo nicaragüense ha derrocado una dictadura, librado una guerra civil, y ha plantado la semilla para el florecimiento de una sociedad democrática. Esta transformación no puede ocurrir –y no va a ocurrir—de la noche a la mañana. El pueblo de Nicaragua solo podrá culminar este camino si prosperan instituciones democráticas independientes y transparentes.

El forjamiento de una democracia requiere de la participación de toda una sociedad que trabaje colectivamente para garantizar que todos sus miembros gocen de sus derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Los ciudadanos de una democracia no siempre estarán de acuerdo sobre la mejor forma de lograr dichos objetivos, pero al reconocer el valor que cada individuo aporta al proceso democrático, una nación avanza en su camino.

Es por ese motivo que sentimos particular entusiasmo por los progresos que continúan realizando los diversos miembros de la sociedad nicaragüense, no sólo en el plano doméstico, sino también como parte de la comunidad global. Confío en que las mujeres, quienes representan más del 51% de la población, y los jóvenes, quienes representan más de dos tercios de los nicaragüenses, seguirán desempeñando un papel transformador en la evolución continua de Nicaragua.

Esta noche, al celebrar como es debido nuestros logros a lo largo de los últimos 236 años de nuestra historia, concluyo mis palabras con una exhortación del Presidente Obama, quien nos hace recordar que: “El cambio no vendrá si esperamos por otra persona o por otro momento. Nosotros somos las personas que estábamos esperando. Somos el cambio que buscamos.”

Anticipamos con agrado continuar trabajando con el pueblo de Nicaragua para asegurar que estos ideales sigan floreciendo.
Nuevamente, muchísimas gracias por honrarnos con su presencia para la celebración del Día de la Independencia de los Estados Unidos al igual que por su apoyo continuo para el logro de nuestras metas en común.

¡Feliz Día de la Independencia!

 
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