Foto de “Don Josecito” cuando estaba en vida.Foto Para cerrar este homenaje a “Don Josecito”, compartiré algunos detalles acerca de su feliz matrimonio de 77 años con su Doña Julia.
Aconteció que transcurriendo 1928, un día de tantos, el entonces adolescente José Cuadra Vega estudiaba en el Instituto de Varones en Masaya cuando tuvo la dicha de conocer a Julia Emilia Robleto Pérez (nacida el 20 de junio de 1914), y como él llegaba a recibir clases para el bachillerato, se comunicaba a diario con aquella tierna y encantadora muchacha, de quien comenzó a “admirar su belleza, su comportamiento y su pureza, la pureza de su vida, la pureza de su alma”.
-¿Cómo la enamoró?-: “Es muy difícil de explicarlo. Le llevaba regalitos de frutas, de dulces y de cositas, y así, con los dulces me gané la dulzura de los besos de Doña Julia”.
Del trato cotidiano y la confianza fue naciendo el “amor” que con el tiempo se fue fortaleciendo. “Ella se enamoró de mí, lo cual quiere decir que es una mujer de muy mal gusto”, expresaba con una sonrisa a flor de labios.
Luego, “llegó el momento en que se me ocurrió la idea de solicitarle su mano a los padres. Ellos no dudaron en concederme el derecho del noviazgo (a los 18 años) y el de casarme (a los 21 años) con la hija que tanto amaban”. El casamiento civil se llevó a cabo en Masaya, y el eclesiástico, en Niquinohomo. La pareja procrearía tres hijos: José Aníbal, Josefa Argentina y Julia María Cuadra Robleto.
“Don Josecito” afirmaba que afortunadamente llevó una vida pacífica al lado de su esposa, “una vida en paz y amor, lo cual es muy raro, porque dicen –y yo lo sé personalmente- que en muchos matrimonios hay una frecuencia en desarreglo y comportamiento en que el marido es grosero con la mujer, y ésta le es infiel”.
-¿Nunca ha pensado en divorciarse?- “Nunca jamás en la vida. Amén. Antes de pensar en divorciarme, mejor me pego un semillazo en la cabeza”, manifestaba con una sonrisa vivaz.
Además, aseveraba que nunca la celó, mientras que “ella es celosa con ‘Josecito’. Cuando vamos por la calle y pasa una muchacha, Doña Julia me vuelve a ver para cerciorarse si la estoy mirando, y cuando lo hago, me da mi buen pellizco”.
Así llegó, súbitamente, sin esperarla, sin pensarla, sin adivinar su llegada, la joven Julia a la vida del panida para que caminasen juntos por la misma senda, a un solo paso, al mismo ritmo, en un solo latir, al unísono, hombro a hombro, corazón a corazón.
La llama del amor se encendió “entrambos” y nadie pudo evitar que zarparan del puerto de la soledad en una barca de quimeras y promesas y navegaran mar adentro hasta las profundidades de su fantástica historia de amor, que llegó a su fin cuando Doña Julia partió de este mundo el 23 de septiembre del 2011, víctima de un coma hipoglucémico, mientras permanecía internada en el hospital Manolo Morales.
Ese mismo año, a escasos días de la navidad, “Don Chepito” también se marchó, ha de ser, porque no resistió estar un instante sin su fiel compañera, con quien seguro se reencontrará en la otra vida para formar la “Trinidad con Dios”. Tanto la amó que nuestro personaje inmortalizó a su musa a través de su libro “Poemas para Doña Julia”…Un libro testimonial de un verdadero, puro y gran amor.
Ojalá que sus familiares y amigos (poetas y no poetas) promuevan que alguno de los venideros festivales de poesía en Granada se celebre en homenaje a él (“Don Josecito”) que quizás no es muy renombrado, incluso subvalorado, me parece; sin embargo, considero justo y necesario reconocer su legado por ser el bardo nicaragüense que mejor enaltece a la esposa y el amor conyugal con tanta sublimidad.
De igual forma tienen valor lírico -de eso estoy seguro aunque no soy poeta y de hecho así lo han comentado quienes sí lo son- sus libros “Canto a la Virgen Pájara María”, “Poemas de Hospital” y “Otros poemas”, en los que deja plasmado su amor a Dios, la Virgen y la humanidad doliente.
Partes I, II y III
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