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actualizado 12 de agosto 2010

El incorregible Miguelito
“La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras.” Jean Jacques Rousseau
Por Rodrigo Solís

Se llama Miguelito y tiene siete años cumplidos. Sí, siete añitos afirma tener el crío en medio de agresivas rimas y vertiginosos zangoloteos de cadera en su video musical, en el cual aparece escoltado por un par de mulatas que de igual forma zangolotean sus traseros invitando al precoz reggaetonero a asestar sendas nalgadas; nalgadas que desde luego el pequeñín propina a las finas damiselas cual fuetazo de un jinete rabioso a sus mulas de carga, para beneplácito de adultos disfrazados de Daddy Yankee que le observan a sus espaldas con ojos orgullosos de hermanos mayores.

Bonita estampa. Sin embargo, no me sorprende, y no me sorprende porque ni el más tonto de los tontos está ya para sorprenderse en este mundo moderno, donde los mercadólogos, publicistas, productores y demás genios que controlan y orquestan las campañas publicitarias y el contenido de la televisión han erradicado el pudor y la vergüenza. Sabiondos que con la misma voracidad, presteza e impunidad han ido disminuyendo el rango de edad de los niños para iniciarse en la juventud (no confundir con adolescencia, pues a ésta la han erradicado por completo), al tiempo que han extendido el límite de edad para que los jóvenes ingresen a la edad adulta, véase el caso de los modelos a seguir de la sociedad, es decir, artistas como Jennifer López, Gwen Stefani, Tom Cruise, etcétera, que pese a tener más de cuarenta años se visten y comportan como adolescentes confundidos.

Nadie está para sorprenderse, y nadie se sorprende en un mundo donde lo más común es ver a los niños disfrazados de pies a cabeza como payasos: gorra, pañoleta, camiseta de fútbol americano, jeans diez tallas más grandes, anillos, collares, pulseras, reloj de diamantes y toda la demás parafernalia con la cual viene incluida la pose, la actitud y el comportamiento de un perfecto barbaján, traducción: poner los ojos a media asta, dejar la boca entreabierta como si hubieras sufrido una embolia, mover las extremidades superiores cual artrítico de noventa años, caminar como si recién te hubieras cagado en tus pantalones, y hablar un castellano completamente incomprensible.

Ahora, lo que sí debería sorprendernos es no saber a dónde fueron a parar los adultos. Y he aquí lo escalofriante. Los adultos son los amiguetes disfrazados de jovencitos de esos jovencitos que en realidad son niños. Así nos las gastamos con la actual educación facilona donde hay que rebajarse a ser el mejor amigo de los hijos, dejándoles hacer lo que se les venga en gana so pena de una demanda legal por coartar sus derechos si se les intenta educar fuera de los territorios de la televisión y el Internet, o de ser señalados por la sociedad como el peor de los padres del Universo si no se cumple hasta el último capricho de las bestiezuelas.

Si comencé este escrito hablando del video musical de un niño llamado Miguelito, es porque el video es la fiel imagen de lo que pasa hoy día en la sociedad, donde ya no existen jerarquías de edad o de algún otro tipo ni se guarda el menor respeto por nada ni por nadie.

“¡Yoh! Este Memo pa´ y te presento / a uno que es mucho más salvaje que tú / Jajaja”. Así versa el inicio de la canción. Sobra decir que esta poesía introductoria fue recitada por un adulto, el cual tiene la generosidad de advertirnos de quien a continuación cantará es más peligroso, qué digo peligroso, salvaje (sus palabras textuales) que tú y que yo. Y es ahí cuando aparece el niño que líneas arriba describí, cantando con una furia y un encono que te hacen comprender que las palabras dichas por su padre, tío o colega de orgías eran totalmente ciertas. Miguelito es una especie de Tom Cruise negro que pilotea una moto de carreras (por fortuna del tamaño de un triciclo, o de lo contrario hubiese sido imposible que siquiera se subiese a ella) al tiempo que dice estas lindezas: “Y ya llegó Miguelito / como siempre a montarla / si no abre la puerta pues / yo voy a tumbarla, esta noche”.

Espero, de corazón, que mi mente no sea tan retorcida y cochambrosa como algunos dicen y que Miguelito sólo se este refiriendo a montar la minimotocicleta, sin embargo, a menos que la minimotocicleta sea un Transformer capaz de cobrar vida y abrirle la puerta, el niño tendrá que verse en la penosa necesidad de tumbar la puerta, cosa que nos llevaría a una ineludible pregunta: ¿Cómo un niño como Miguelito podría tumbar una puerta? Difícilmente podría cargar con el peso de un hacha, y mucho menos con el de una sierra eléctrica. Es más, incluso teniendo la llave de la puerta dudo que Miguelito pueda abrirla, pues es tan pequeñito que no alcanzaría a insertarla en la cerradura. Es por eso que uno obtiene como única conclusión lógica que las intenciones de Miguelito son otras, es decir, que a quien realmente pretende montar cual motocicleta es la misma persona a quien pide le abra la puerta, acaso (y sólo estoy dejando volar mi sucia imaginación) una de las chicas que se contorsionan rabiosamente a su lado durante todo el video.

Cabe señalar que la canción lleva por título “Móntala”, nombre por demás sugestivo, como también lo es la camisa que lleva puesta y donde se deja ver la cifra numérica 1969, la cual quiero creer es el año de nacimiento de su padre o del propio Miguelito, pues no pierdo la esperanza de que el diminuto cantante sea en realidad un lascivo enano, lo que convertiría toda esta locura en una gran farsa, dejándome como un grandísimo tonto por creer que llegamos al punto en que los padres se han vuelto tan irresponsables que son capaces de robar la infancia a los niños con tal de verse libres de ellos, o en el mejor de los casos de hincharse los bolsillos de billetes con todas las giras, orgías y excesos con los que todo pequeñín de siete años debe experimentar a tan adulta edad, sea o no famoso, y no lo digo yo, lo dice Miguelito: “Mientras otro chamaquito ta´ jugando con / juguetes, Miguelito / anda suelto dando fuerte / yo sí que soy atrevido, tremendo bandido, / ya tengo por supuesto 7 años cumplidos / me anda chequeando y buscando cupido / pero hay que vacila todavía no he vivido”.

Lo sé, palabras difíciles de digerir venidas de un niño que al final del video sale bebiendo leche de una mamila, acto indigno incluso en un niño de siete años.

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