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actualizado 16 de septiembre 2010

Con el perdón a cuestas
Sólo con el perdón a cuestas, fruto del verdadero amor, cesan los conflictos
Por Víctor Corcoba Herrero

Cuando el amor es lo que es, todo se sobrelleva. El amor siempre camina con el perdón a cuestas, con el alma de la generosidad, con el corazón en la mano, con la comprensión en los labios, con la ternura en la mirada, con el abrazo y el beso en los ojos. El amor jamás usa la venganza, cierra todas las heridas y olvida los rencores. Sabe que la autentica manera de vengarse de un enemigo es no parecérsele ni pagarle con la misma moneda. No tiene sentido, pues, quemar los textos del Corán, con motivo de la conmemoración del 11 de septiembre, aniversario de los atentados contra las torres gemelas de Nueva York.

Alguien puede pensar que los atentados a las torres gemelas ha sido una ofensa contra la humanidad, no en vano las víctimas que perecieron pertenecían a más de noventa nacionalidades, pero el mismo amor aborrece todo lo que no es amor. El patriotismo no es más que amor. La justicia no es más que amor. La paz no es más que amor. El mundo tiene que dejarse llevar por el amor y que el amor domine todas las cosas. La tierra necesita de este verso para globalizar almas. De un amor que nada reclame, que se done siempre, que tenga tolerancia, que nunca se irrite por nada y, lo más importante, que jamás se vengue.

Sólo con el perdón a cuestas, fruto del verdadero amor, cesan los conflictos. Las guerras no pueden dominar la vida del mundo y de los pueblos. Únicamente desde el amor se pueden fraternizar los corazones. Por consiguiente, que cohabite un centro islámico cercano a la Zona Cero, el lugar de la tragedia, lo considero saludable para el mundo, y creo que para nada debe entenderse como una provocación. La humanidad tiene la ocasión de hacer realidad el amor comprensivo. Y los musulmanes, de trasladar al orbe entero sus valores de convivencia y de paz. Téngase en cuenta que las religiones y las culturas son expresiones interrelacionadas y aspiraciones hondas del ser humano, donde el amor está a flor de piel, y cuando el amor mueve algo, el diálogo es más verdadero.

Exclusivamente el amor, mal que nos pese, es la única fuerza pacífica del cambio y el único motor que el planeta necesita para salir de todas las crisis actuales. No hay amor sin amar el amor, ni paz sin perdón. Es regla de vida.

corcoba@telefonica.net

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