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actualizado 26 de agosto 2011
Digno o indigno
La muerte en sí, tiene su mérito
Por Alfredo Hernández Sacristán 
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No debemos dejar la puerta abierta al” suicidio concertado”. Hablando hace unos días con un amigo sobre la rapidez con que se piensa en leyes en las que se habla de dignidad, de muerte digna, no pensamos ciertamente en lo que puede llegar a ser el hombre cuando le “adosamos” el cartel de dignidad o indignidad de forma manipulada.

La muerte, el fin de la vida terrena, a lo que todo ser vivo está llamado, puede ser de diversas maneras. Todos, salvo excepciones, pensamos en vivir y hacerlo de la forma más normal. Pero salvando las extraordinarias, que suelen ser las de riesgo, lo hacemos de una manera de lo más corriente. Es decir, sin llamar la atención de los medios de comunicación. Pero la muerte en sí, tiene su mérito, es un paso de una trascendencia enorme, como es el salto de lo conocido a lo desconocido, y este tránsito no podemos hacerlo sin la valentía de enfrentarnos a lo inevitable, con mayor o menor presencia de ánimo, pero con el suficiente por saber que es irrepetible. Si este llega con la “ayuda” de quien sea, facultativo o amigo, ya hemos quitado el mérito, y la falta de mérito es un hecho indigno, según el Diccionario.

La dignidad de la persona va implícita en el ser humano, por sus cualidades, por su potencia intelectual, por su inteligencia, por su capacidad de amar…Y tan es así, que cuando le faltan le tachamos de inhumano- Y podíamos preguntarnos, ¿qué mérito tiene aquel a quien la muerte le viene dada?- No podemos, como lo estamos haciendo, en erigirnos en dueños de la vida y de la muerte. Unos acontecimientos de tal magnitud no pueden ser manejados por quien no tiene potestad, ni adquirido méritos- es indigno-y a su antojo juzga cuando deja nacer o cuando quita la vida. Nadie puede estar sobre algo que no es suyo. Nadie pude disponer sobre lo que no tiene potestad.

Cuando se ha luchado toda una vida con lo que conlleva la temporalidad, los sinsabores, las rupturas con lo que creíamos poseer. Momentos en los que se ha saboreado la felicidad viviendo el amor… tomar la resolución de acabar, porque todo nos parece sin sentido, y cortar esa vida que va acabando. Habrá que aceptar la ayuda para poder decir; quiero que me ayuden y no me rindo porque he luchado toda mi vida. Pero testar sin tener, hacerlo sin poseer, siempre parece, al menos, una frivolidad. Y no digamos aceptar un testamento ficticio y disponer de una vida. El hombre puede hacer de este momento, por ser irrepetible, colofón de la existencia, que si ha sido lucha, no se puede dejar en las manos de quien no tiene potestad ni criterio para decir: Fin de una historia.

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