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actualizado 15 de diciembre 2011
La caída definitiva de los talibanes
Si el acercamiento entre Pakistán e India se incrementa, Islamabad no va a necesitar más a los talibanes para golpear a Afganistán
Por Maximiliano Sbarbi Osuna
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Una vez derrocados en Afganistán, los talibanes fueron recibidos en Pakistán como legítimos combatientes contra Estados Unidos y financiados por Islamabad como fuerza de choque para impedir un acuerdo entre Kabul y la India. Sin embargo, la crueldad talibán contra civiles, religiosos y niños produjo un fuerte rechazo en la población paquistaní. ¿Cómo cambia el mapa político con la caída del principal grupo insurgente?

Luego del asesinato de Bin Laden y del bombardeo norteamericano sobre suelo paquistaní en el que murieron 24 soldados de ese país, las relaciones entre Islamabad y Washington son muy tensas.

Pakistán obligó días atrás a Estados Unidos a devolverle una base aérea en su territorio y además le hizo un desplante a las fuerzas aliadas que participaron de la Conferencia de Bonn II en Alemania, una década después de Bonn I, en la que se planteó cómo va a ser la participación occidental en Afganistán en los próximos diez años.

Desde la invasión a Afganistán en octubre de 2001, Pakistán se vio forzado a colaborar con Estados Unidos, en primer lugar por la millonaria ayuda que recibía, pero Islamabad se sentía cómodo con el gobierno talibán que gobernó en Kabul entre 1996 y 2001.

Luego de que Estados Unidos y la coalición internacional derrocaran a los talibanes, Pakistán mantuvo una posición ambigua en el conflicto afgano, ya que por un lado combatía a los insurgentes y recibía el apoyo financiero de Washington y por el otro alentaba a los talibanes en Afganistán para que desestabilizaran al gobierno de Hamid Karzai, que para la reconstrucción del país había permitido la apertura de cuatro consulados indios.

Durante la última década, Pakistán mantuvo este doble juego, que produjo un estancamiento en la guerra. La principal preocupación del ISI, los servicios secretos paquistaníes, es la presencia de India en Afganistán, su tradicional área de influencia.

Pero actualmente las relaciones entre ambos países están avanzando positivamente. Lo mismo sucede entre Pakistán e Irán.

Pérdida de apoyo a los talibanes

Si el acercamiento entre Pakistán e India se incrementa, Islamabad no va a necesitar más a los talibanes para golpear a Afganistán.

Este cambio político coincide con el descrédito en el que ha caído esta sanguinaria organización de “estudiantes” del Corán.

Los talibanes llegaron a ser héroes en 2001, luego de haber sido expulsados de Kabul. Fueron recibidos como yihadistas en las zonas tribales de Pakistán y muchos dirigentes viven en territorio paquistaní protegidos por un sector del Ejército y por el ISI.

Fueron refugiados y apoyados, pero varias acciones extremas acrecentaron el rechazo de la gran mayoría de los habitantes de Pakistán.

El asesinato de líderes religiosos, de funcionarios públicos, de los que se oponían a los atentados suicidas fue tiñendo la imagen de los combatientes.

El grupo talibán con un gran apoyo popular llegó a intentar asesinar al líder de un grupo religioso con el que mantenía excelentes lazos por su oposición a los atacantes que se inmolan, por ser esta práctica contraria al Corán.

La ejecución de una bailarina y la exhumación del cuerpo de un enemigo asesinado por los talibanes desencadenaron el horror en la población paquistaní y en las áreas tribales. Así el apoyo a los talibanes se sostiene sólo como combatientes contra Estados Unidos en Afganistán, pero ya no son bien recibidos en Pakistán.

Años atrás, miles de civiles de Pakistán donaban dinero para la causa talibán, pero la crueldad y las muertes de policías y fuerzas de seguridad a manos de este grupo provocó que el rechazo ya sea irreversible.

Luego, el secuestro y asesinato de 21 niños en septiembre fue otro punto de quiebre.

Dividir para reinar

La caída de la popularidad de los talibanes coincide claramente con los objetivos de Estados Unidos en esa región, ya que este grupo extremista fue un gran representante de la etnia pashtún, mayoritaria en Afganistán.

De esta manera, Washington busca dividir a la comunidad pashtún para justificar la presencia de bases en Afganistán y Pakistán.

Por otro lado, Estados Unidos intenta golpear a Pakistán alejándolo de India, ya que estos países mantuvieron tres guerras, con el mismo fin: brindar protección a Pakistán a cambio de la lucha contra los insurgentes en Afganistán y mantener la presencia militar en el sur de Asia.

Pero los gestos conciliatorios, como el rescate de militares indios que por error ingresaron días atrás a una zona en disputa con Pakistán por el mal tiempo y el voto de Nueva Delhi por la candidatura de Pakistán para el asiento de Asia-Pacífico entre los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU demuestran que a pesar de la desconfianza, la carrera armamentista, los programas nucleares bélicos y la rivalidad por Cachemira, las relaciones tienden a la cooperación.

El principal motivo es el incremento del comercio entre ambos países del sur de Asia.

Asimismo, las relaciones entre Islamabad e Irán se han ido estrechando. Irán planea tender un oleoducto hacia Pakistán e India.

Además, el grupo terrorista sunita Jundallah, presuntamente apoyado por Estados Unidos, para desestabilizar a Baluchistán, una nación que se encuentra dividida entre Irán, Pakistán y Afganistán, ha sido neutralizado desde el lado paquistaní. Este gesto es un acercamiento entre Islamabad y Teherán, ya que años atrás Pakistán permitía los ataques de esta organización hacia su vecino persa.

La retirada de Afganistán

El abandono del país invadido en 2001 está planeado para 2014. Aun quedan serias rivalidades entre Pakistán y Afganistán por resolver y también cuestiones internas del gobierno afgano de Karzai.

Por lo pronto, los talibanes ya no son una amenaza como en otras épocas, principalmente por la pérdida del apoyo popular y tribal.

Pero el avance del diálogo entre Pakistán e India es clave para estabilizar la región y borrar a los talibanes del escenario político, lo que produciría que la presencia militar norteamericana carezca de sentido.

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