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actualizado 17 de junio 2011

 

E. Coli, epidemia del 2011
Los expertos en microbiología explican que las bacterias E. Coli tóxicas para el ser humano son relativamente nuevas
Por Ana Muñoz Álvarez
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“Era increíble. No tenía sentido de la realidad, ni de lo que me estaban haciendo”, explica un enfermo que ingresó el 21 de mayo por infección de E. Coli. “Mi hijo perdió parcialmente la vista durante cinco días, tenía un lado del cuerpo paralizado y tiene problema para hablar”, sigue explicando. Son dos de las casi 3.000 personas afectadas por la bacteria E. Coli , que se extiende por al menos 12 países europeos y que ya ha saltado el Atlántico con casos de infección en Estados Unidos y Canadá, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Casi 30 personas han muerto ya en Alemania a causa de la bacteria EHEC O 104. Y aún las autoridades no saben dónde está el foco, qué alimento estaba infectado, cómo ha llegado a los alimentos esta bacteria que vive, normalmente, en aguas fecales… y cómo se ha hecho resistente a al menos ocho antibióticos. La falta de respuesta a todas estas preguntas, las contradicciones de las autoridades y las pistas equívocas están provocando que la población se sienta indefensa, preocupada y alarmada.

“Primero fueron los pepinos españoles, después los brotes de soja, también los tomates y las lechugas… no me extrañaría que nos quitaran las vacas y acabemos alimentándonos de macarrones”, se queja una ciudadana alemana.

Los expertos en microbiología explican que las bacterias E. Coli tóxicas para el ser humano son relativamente nuevas. Estas bacterias vivían ya hace más de 7.000 millones de años, pero no fueron mortales para el ser humano hasta hace muy poco tiempo. El primer caso de infección grave en personas se produjo en Estados Unidos en 1986 con lo que se llamó la “crisis de las hamburguesas”. De ahí que el ser humano todavía no haya generado mecanismos eficaces para defenderse de esta bacteria. Esta cepa de la E. Coli es especialmente virulenta y resistente. Lo que más preocupa a los doctores es que cuando el paciente va saliendo de la infección intestinal, puede sufrir complicaciones por el daño que produce la E. Coli en los riñones. Puede incluso llegar a producir graves problemas neurológicos.

Los microbiólogos también explican que las bacterias no tratan de acabar con el huésped que ocupan, ya que si no tendrían que buscar a otro. Las bacterias normalmente actúan de manera no tan “salvaje”. Así, nos encontramos ante un nuevo escenario y se trabaja a contrarreloj para conocer más sobre la EHEC O 104 y poner medidas cuanto antes para detener la infección y los afectados mejoren su estado.

La salud y la seguridad alimentaria son dos de las preocupaciones más importantes para cualquier ciudadano. La confianza en que lo que comemos es tratado de manera adecuada y que no va a producir enfermedades es fundamental. Pero los patógenos alimentarios están ahí y causan pérdidas anuales de más de 14.000 millones de dólares en gastos médicos y pérdidas salariales, según un informe realizado por el Instituto de Patógenos Emergentes de la Universidad de Florida. Las vacas locas, la gripe aviar… son epidemias pasadas que tendrían que haber hecho que nos replanteásemos los métodos para proteger los alimentos, sobre todo frutas y verduras, de cualquier tipo de contaminación.
La “crisis de la E. Coli ” ha vuelto a poner en cuestión al sector alimentario y a los sistemas de control. ¿Sabemos qué es lo que comemos? ¿Podemos confiar en las empresas alimentarias? ¿Son transportados y almacenados los alimentos de manera adecuada? ¿Los sistemas de vigilancia funcionan?

La respuesta, ante los hechos, es un claro no. Tras cada problema con los alimentos, se han ido mejorando los sistemas de control, pero seguimos sin exigir a las autoridades y a los productores que con los alimentos no se juega y que los experimentos sólo se hacen con gaseosa.

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