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actualizado 30 de junio 2011
Tragedia y oportunidad
Más de mil personas al día se quedaron sin trabajo en el pasado mes de marzo
Por Herminio Otero
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Antonio, durante muchos años directivo de una importante empresa, se quedó en la calle con la soledad de no saber qué hacer, como muchos otros buenos profesionales. Su primer impulso fue lanzarse de nuevo a la búsqueda de algo “similar”, lo que le llevó a tener resultados, pero no con la satisfacción profesional que buscaba. Así que decidió cambiar la orientación: pensó que, después de muchos años de una excelente labor como profesional en unas maravillosas empresas, debía dar el paso para ser “él mismo” y ofrecer sus conocimientos y experiencia en el mundo de la gestión de las organizaciones. Creó su marca personal, su blog, su cuenta de LinkedIn, de Xing, de Twitter, deFacebook. Y se dedicó a “formarse e informar” a todo el mundo de lo que sabía hacer y lo que quería hacer, sobre todo para sentirse feliz en su vida profesional. Con esta experiencia personal, que incluyó un periodo de maduración y formación de más de un año, tomó contacto con el mundo de los emprendedores, de las personas que transforman su experiencia en fuerza para aportar a los demás lo que saben.

Más de mil personas al día se quedaron sin trabajo en el pasado mes de marzo y se inscribieron en las listas de los Servicios Públicos de Empleo en España. La Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de 2011 ha elevado la tasa de desempleo al 21,29% de la población activa, lo que supone que el paro ha alcanzado un nuevo récord con casi 5 millones de personas desempleadas en España.

El perfil del parado español se corresponde con el de un hombre de entre 25 y 54 años que había perdido su empleo hacía más de un año… Pero en esta lista están también las mujeres (casi la mitad), una proporción altísima de jóvenes menores de 25 años, y una cada vez mayor proporción de mayores de 45 años.

El desempleo entre los jóvenes casi se ha triplicado en los últimos tres años y, a mediados de 2010, pasó a rozar el 42%. Los jóvenes están también entre los principales afectados por la alta temporalidad del mercado laboral (del 30%). Las repercusiones futuras parecen manifiestas: tendrán más precariedad y menos ingresos durante parte de su vida laboral. Y se está dando un fenómeno que refuerza la infantilización de la juventud: un porcentaje muy alto de jóvenes de hasta 30 años no ha podido ejercer a lo largo de toda su vida ninguna responsabilidad ni laboral ni de otro tipo. Eso también es un desastre de previsibles funestas consecuencias. Mientras tanto, muchos jóvenes siguen formándose indefinidamente hasta acumular una lista interminable de méritos, cursos y masters.

La situación parece también difícil para aquellos que llevan años trabajando. A finales de 2010, casi un millón y medio de los mayores de 45 años estaban buscando trabajo y no lo encontraban. Lo malo de estos datos es que no son una fría cifra estadística, sino una historia desoladora formada por miles y miles de tragedias personales y familiares que tienen repercusiones diarias. Y la conclusión es clara: no cabe complacencia alguna.

Quedarse sin empleo es un acontecimiento negativo en la vida de una persona: no solo tiene implicaciones económicas sino psicológicas y sociales. En muchas ocasiones, quien ha perdido el empleo se encuentra en un túnel sin salida. Pero, una vez que esa situación se produce, uno puede cerrarse en banda a cualquier solución y no ver salida o analizar fríamente la situación y tratar de darle la vuelta para convertirla en algo positivo. A veces se sigue en los trabajos por inercia. A todos nos cuesta arriesgar y buscar otras posibilidades. Verse obligados a buscar trabajo puede ser una oportunidad para desarrollar nuevas facetas personales y descubrir nuevos caminos en nuestra vida.

“No pretendamos que las cosas cambien si seguimos haciendo lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a las personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis donde nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado”, decía Einstein.

Por eso no hay disculpas fáciles para atribuir a la crisis los propios fracasos y penurias, ya que la crisis más amenazadora es la tragedia de no querer luchar por superarla, ahogándose en medio de los problemas y sin ser capaces de apuntar a las soluciones. Sin crisis no hay desafíos, y sin desafíos no hay vida sino rutina. Y es en la crisis donde puede aflorar lo mejor de cada uno.

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