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actualizado 2 de nov. 2011
El mundo da hoy la bienvenida al habitante número 7.000 millones
La demografía actual presenta variopintos desafíos
Por Maximilano Sbarbi Osuna
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De acuerdo con las proyecciones del Fondo de Población de la ONU, UNFPA, en el día de hoy la población mundial alcanzará las 7.000 millones de personas. Las alertas sobre los efectos del crecimiento poblacional mezclado con el cambio climático son desalentadoras, ya que se pronostican menores recursos básicos disponibles, como agua y alimentos, para una mayor población.

A finales de los sesenta, el libro de Paul Ehrlich La explosión demográfica, predecía que la ola de nacimientos de posguerra, llamada baby boom, se iba ampliar indefinidamente hasta que los alimentos escasearan.

La primera alarma sobre el problema de la superpoblación planetaria fue encendida por el economista británico Thomas Malthus, que demostró, a través de su modelo matemático, que la demografía mundial iba a crecer desmedidamente si se la comparaba con la producción de alimentos.

Sin embargo, algunos vaticinios malthusianos no se cumplieron, dado que las tecnologías para la producción de alimentos introdujeron avances que a principios del siglo XIX eran impensados. Además, la tasa de crecimiento poblacional descendió en un 2% desde 1960 hasta la actualidad.

Pero uno de los mayores problemas del crecimiento poblacional no está relacionado con la escasez de agua y de alimentos. Los avances médicos extendieron la esperanza de vida –20 años desde 1950 a esta parte–, por lo que todavía siguen vigentes varios de los postulados del economista.

Uno de los factores negativos del envejecimiento poblacional reside en que los Estados deberán invertir más en salud y jubilaciones para evitar que las personas que lleguen a una edad avanzada carezcan de coberturas sociales. Actualmente, existen 600 millones de personas que superan los 65 años, pero esta cifra se va a incrementar a los 2.000 millones en 2050. Las reacciones de los países desarrollados ya comenzaron. Francia, Gran Bretaña e Italia proponen aumentar la edad del retiro.

Además, las jubilaciones suelen ser insuficientes para poder satisfacer las necesidades en la mayoría de los países, por eso la ONG Help Age sostiene que en las naciones emergentes, el 70% de los hombres y el 40% de las mujeres continúan trabajando luego de haberse jubilado.

Si se redujesen las prestaciones sociales, los mayores de 65 años deberán trabajar más para mantener el sustento económico. Además, al bajar la tasa de natalidad, la población activa será menor en cantidad, lo que va a generar que deban realizar mayores esfuerzos para que los ancianos no se enfrenten con cajas jubilatorias vacías.

La tendencia mundial de migrar del campo a la ciudad agrava el problema, ya que la tasa de nacimientos suele ser menor, y el avance social y laboral de las mujeres produce que se concentren más en sus profesiones, mientras que el embarazo y el cuidado de los hijos suelen ser tomados como un obstáculo para el crecimiento personal. Según la UNFPA, de los 59 países en donde la natalidad descendió en las últimas décadas, 18 son subdesarrollados.

La baja natalidad comenzó en Europa Occidental en la década del setenta y se extendió a Rusia, gran parte de Asia, Sudamérica y sur de la India. Los países del este de Asia, que suelen caracterizarse por la superpoblación, presentan unos de los índices más bajos de natalidad.

Dejar el problema del envejecimiento en manos del mercado sería irresponsable: no hay dudas de que los Estados deberán intervenir, principalmente en estimular la natalidad. Sin embargo, una tasa de natalidad baja permite “ahorrarse” la inversión en educación y destinar recursos para los mayores.

En las próximas décadas, por primera vez en la historia de la humanidad, la cantidad de personas mayores de 60 años va ser igual a la de los menores de cinco años. La solución se encuentra en programas estimulados desde los Estados, que los demógrafos, economistas y gobiernos deberán discutir para evitar males mayores y que se detenga cuanto antes el aparentemente inevitable mundo de ancianos.

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