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actualizado 9 de nov. 2011
Cumbre Climática de Durban: ¿la última esperanza?
El calentamiento global se manifiesta de forma despareja
Por Maximiliano Sbarbi Osuna
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Luego del fracaso de las cumbres que deberían haber reemplazado al obsoleto Protocolo de Kyoto, la reunión de Durban debería fijar las bases para impedir que la temperatura global se incremente más de dos grados, con el fin de evitar sequías, inundaciones y la reducción del agua potable. Pero la crisis económica, los intereses de las potencias y el avance industrial de países emergentes atentan contra las iniciativas que detengan la emisión de dióxido de carbono y la deforestación.

A fines de noviembre comenzará la Cumbre Climática de Durban, Sudáfrica, COP17, que deberá resolver cómo se va a encarar la política ecológica mundial durante este siglo, dado que el Protocolo de Kyoto, que tiene vigencia actualmente, vence el año que viene.

Entre las metas que se van a fijar se encuentra la de lograr un pico máximo de emisiones de dióxido de carbono para 2020, a fin de evitar que la temperatura se incremente más de dos grados, para que luego se mantenga en una meseta y en 2030 comience a descender.

De acuerdo con el Instituto para Ciencias Atmosféricas y Climáticas de Zurich, que publicó un informe en la revista Nature Climate Change, manteniendo el año 2020 como fecha límite para lograr el máximo de liberaciones de gases de efecto invernadero, existe un 66% de probabilidades de que la temperatura global no se incremente más de dos grados.

Luego de 2020, las emisiones deberían disminuir súbitamente, entre de dos o tres por ciento cada año, para alcanzar la difícil meta de liberar la mitad del dióxido de carbono en 2050.

Peligros

Sin embargo, alcanzar esa reducción para 2020 va a resultar muy difícil de cumplir, ya que de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AIE) el 80% de las emisiones de dióxido de carbono ya están aseguradas actualmente, entre las plantas energéticas actuales y las que se planean construir.

Por lo tanto, el mundo deberá trabajar sobre ese decisivo 20%.

Además, se está cerca de alcanzar el punto máximo de la producción petrolera, que seguramente llegará antes de 2020, por lo que la energía dependerá de los contaminantes suministros de gas, carbón y nuclear y las alternativas renovables hidroeléctrica, solar y eólica.

Según el sitio web de la AIE, el calentamiento global se manifiesta de forma despareja, dado que el 70% del planeta está compuesto por agua, por lo tanto el Ártico, Canadá, Eurasia y partes de África van a sufrir un aumento de la temperatura más rápido que el resto del mundo.

Las diversas organizaciones ecologistas alertan que si la temperatura continúa en ascenso, no sólo habrá sequías e inundaciones, que van a alterar las cosechas, sino que también se verá afectada la producción de alimentos, la provisión de agua y la biodiversidad.

En tanto, algunos países africanos que padecen temperaturas extremas e islas del Océano Pacífico, que ante el derretimiento de los hielos polares pueden llegar a desaparecer por el crecimiento del mar, solicitaron que en la Cumbre de Durban la barrera del calentamiento permitido sea de 1,5 grados y no de 2 grados centígrados.

¿Por qué fracasaron las cumbres de Copenhague y Cancún?

El Protocolo de Kyoto suscripto en 1997 quedó ya desactualizado ante el nivel de industrialización del mundo. La fecha de caducidad es diciembre de 2012, y establece objetivos vinculantes para 37 países industrializados, con la excepción de Estados Unidos y China que no lo firmaron.

Al no lograrse un acuerdo contundente en las anteriores reuniones de Copenhague 2009 y Cancún 2010, Estados Unidos, Japón, Rusia, Canadá, Australia y China rehusaron extender el documento de Kyoto para un segundo período.

En la Cumbre de Cancún, con el desacuerdo de Bolivia, 193 países concertaron la creación de un “fondo verde” que obliga a países desarrollados a destinar 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020, pero no se especificó de dónde provendrá el dinero.

Además, se consensuó la adopción de la Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD), basado en los bonos del mercado del carbono.

Pero si se aplica el proyecto REDD se estaría abusando de los beneficios de ese mercado, convirtiéndolo en una legitimación de la tala de bosques. La única forma en que el mercado del carbono debería ser viable es si se aplica la reforestación paralelamente con la utilización de fuentes verdes de energía.

Cambio de paradigma

Sin embargo, si se lleva adelante la iniciativa REDD se estaría premiando a los países en vías de desarrollo que reduzcan su deforestación, pero no que la combatan.

Por ejemplo, Indonesia tiene el potencial de recibir mil millones de dólares por año si su promedio de deforestación se reduce a un millón de hectáreas anuales. Compañías que fomentan la tala para producir monocultivos van a ser las encargadas de pagar a los países que reduzcan la deforestación con bonos del mercado del carbono.

De esta manera, se puede continuar talando bosques, siempre y cuando se deje una porción equivalente sin deforestar, es decir que la única medida que se toma es deforestar menos.

Existen dos formas para detener completamente el cambio climático, ya que las iniciativas que se van a implementar en Durban no van a ser muy diferentes de las anteriores cumbres.

La primera es un cambio radical del paradigma de sociedad de consumo y la segunda es un reemplazo de las fuentes de energía por suministros limpios y renovables, además de continuar con la reforestación y con los proyectos verdes que impiden los avances de los desiertos y fomentan la absorción del dióxido de carbono.

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