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actualizado 20 de octubre 2011
Los pilares de Europa
Los mercados siguen vapuleando y aprovechándose de la debilidad de estos Estados
Por David García Martín
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Europa no sale del atolladero, está sumida en una crisis que no parece tener fin. La luz, que algunos suponían que estaba al final del túnel, se ha vuelto a apagar. Las instituciones del viejo continente se tambalean debido a la falta de coherencia en sus decisiones y la ausencia de liderazgo político. Algunos agoreros anuncian el principio del fin.

Si la Europa que hoy conocemos surgió a mediados del siglo XX, como una gran comunidad donde la solidaridad y la paz iban a ser sus señas de identidad, en esta primera década del siglo XXI no parece que la primera de ellas vaya a cumplirse.

Paradójicamente, Grecia, el país donde germinó la semilla de Europa hace más de dos mil años, está en la actualidad a las puertas de ser expulsada, si no del club de los 27, sí de la moneda única, el euro, debido a una pésima gestión y a su incapacidad para hacer frente a los pagos. Quizá todavía no la hayan degradado porque la deuda que sostiene al país heleno es capital de bancos alemanes y franceses. ¿Qué habría ocurrido si ese dinero fuera de países “de segundo orden”? El “rescate” asciende a 60 mil millones de euros, aunque en noviembre puede que llegue el segundo pago, como si Atenas fuera un barco destartalado con el capitán y los marineros desnortados y a la deriva.

Esta Europa que dividen en países ricos y pobres, ahorradores y derrochadores, austeros e ineficaces venía ya predeterminada por el acrónimo de PIGS -cerdos en inglés- y que se refiere, con el desprecio que el adjetivo encierra, a Portugal, Irlanda, Grecia y España. Todos, excepto España –por ahora-, han sido “rescatadas” por la Unión Europea , sin olvidar a Italia, ahora también.

Mientras tanto, los mercados siguen vapuleando y aprovechándose de la debilidad de estos Estados. La tasa de desempleo en Europa afecta ya a más de 23 millones de ciudadanos, según fuentes oficiales; y la brecha de las desigualdades es cada vez mayor. En este panorama es donde se gesta la impotencia y la frustración ciudadana, y en la que los partidos populistas y xenófobos hacen el agosto con el aumento de escaños en los diferentes parlamentos nacionales. Además de perorar soflamas antieuropeístas que ayudan a tensar, cada vez más, las costuras de Europa, en esta crisis circular de la que nadie sabe cómo escapar. Todos entraron por la misma puerta, y ahora nadie encuentra la salida.

La segunda recesión ya está aquí. Los recortes en sanidad, educación, administraciones públicas en general, están en boca de todos los gobiernos, tanto de izquierdas como de derechas. Si algo está haciendo la crisis es desmontar los discursos más proteccionistas de las socialdemocracias, para igualarlos a los de los partidos conservadores. Están viendo cómo el adelgazamiento del estado se está llevando a cabo casi sin tener que hacer esfuerzo alguno. Pero es el Estado de Bienestar el que peligra, ahora que está en manos de los antojos del mercado.

A pesar de que la Unión Europea es un proyecto diseñado para la antifragmentación, en las últimas semanas los medios de comunicación no han parado de sacar titulares como: El problema es Europa; Salir del euro, liquidar la Unión o Europa en peligro. No dejan de ser preocupante semejantes afirmaciones. Incluso el expresidente del gobierno español, Felipe González, en la presentación de un libro, precisamente titulado,La Europa fragmentada, dijo que el viejo continente está “al borde del abismo”.

La crisis que sacudió a Estados Unidos en 2007 se ha convertido en una crisis institucional. La idea de Europa pierde fuerza. Los intereses nacionales cada vez son más exigentes y menos considerados con los problemas vecinales. Decía el periodista y filósofo español, José Ortega y Gasset: “España es el problema. Europa la solución”. Hoy nadie está seguro de hasta cuándo va a poder seguir diciéndose esto. No todo dependerá de la fortaleza de los pilares europeos…también del empaque de sus dirigentes anonadados.

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