Miércoles, 22 de Mayo de 2019
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actualizado 15 de sept. 2011
Todo por dinero
Sabemos que por dinero nadie conoce a nadie
Por Víctor Corcoba Herrero
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Todo por dinero. Lo hemos convertido en el señorío de todos los dominios. Lo importante ya no es el talento de la persona, sino los caudales que se posean, con el consabido egoísmo que se injerta como lenguaje. Por necio que parezca, lo que hoy más se valora es la posición adinerada del individuo y el poder que genera esa situación. Hay deseos que nos matan. El dinero no tiene más que la estima que nosotros le queramos dar. En el momento actual es una llave que abre todas las cerraduras. Y bien que lo siento. A mi manera de ver, debiéramos priorizar mucho más otros aprecios como puede ser el entenderse. Al parecer, la convivencia sin exclusiones y la dignidad de la vida humana no está prevista en el plan globalizador. Nadie me negará que la mundialización si conoce fronteras, por ejemplo las impuestas por las grandes riquezas, que no tienen otra alma que la obsesión por acrecentar su patrimonio y por desmembrarse de las bajuras.

También sabemos que por dinero nadie conoce a nadie, lo que hace difícil solidarizarse bajo este abecedario. Desde luego, este modo de vivir se hace insostenible e insoportable. Los efectos ahí están. El retroceso en desatender los derechos humanos, tales como la educación y el empleo, es una realidad pura y dura, cada día más evidente. El tormento de injusticias es tan creciente que nos desbordan las inseguridades y los miedos. De hecho, no queremos digerir que estamos destinados a vivir unidos, hasta el punto que los mismos predicadores de la economía, siguen pensando que el futuro son ellos y nada más que su soberbia. Se sienten los salvadores cuando el porvenir nos lo merecemos todos, sin rechazos. Gravísima confusión la de afanarse sólo por don dinero. El mañana no está en la economía, sino en aprender a convivir, sobre todo viviendo en la solidaridad.

Por otra parte, veo que la forma de ejercer hoy la solidaridad resulta más bien humillante, se ejerce desde el podio del poder al reino de los que nadie quiere ver, ni encontrarse en el camino, verticalmente, en plan jerárquico, y siempre entregando migajas en lugar de respeto y consideración. De lo contrario, no sería noticia que la gravedad de la crisis europea preocupase a los países emergentes. Debiera ser un acto humano de lo más normal. Sin embargo, lo verdaderamente cruel es que continúen siendo los pobres los que siguen sufriendo los más fuertes aprietos.

A veces me da la sensación de que esta crisis económica es un invento de los ricos para hacerse más ricos y empobrecer aún más a los pobres, o sea para empequeñecerlos al máximo y, así, poder dominarles a su antojo. Con mucho sudor y no pocas lágrimas, algunos desheredados estaban saliendo del hoyo. Y justo ahora se le cortan las alas. Yo creo que es tiempo de mudar de aires, y de imprimir un nuevo paradigma al planeta: lo que ha de hacerse, hágase por amor. Porque, ciertamente, cuando hay dinero por medio es muy difícil ser moralmente libre y éticamente humano. Subrayo, pues, la necesidad de cambio: nada por dinero y todo por el ser humano. La apuesta contracorriente bien vale un desvelo.

corcoba@telefonica.net

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