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actualizado 19 de sept. 2011
Los Zetas: la maquinaria brutal del terror narco mexicano
Los Zetas enfrentan directamente a los políticos corruptos que no les dejan el campo libre
Por Maximiliano Sbarbi Osuna
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Nacieron como un cuerpo de elite del Ejército de México, pero se convirtieron en una organización narco con la capacidad de disputarle zonas a otros cárteles. Su entrenamiento militar posibilita que realicen operaciones complejas y particularmente sangrientas. La pasividad de Estados Unidos y la ineficacia de la guerra contra las drogas del presidente Felipe Calderón permitieron que la mitad del país esté bajo su influencia, incluyendo también parte de Guatemala.

La violencia, el ensañamiento con sus víctimas y la evidencia que dejan de ello son las características principales de Los Zetas, un cuerpo paramilitar convertido en cártel de la droga y en un grupo criminal organizado.

Como el resto de los cárteles, financian sus actividades con el narcotráfico, el secuestro extorsivo y la utilización de personas de bajos recursos amenazadas o inmigrantes centroamericanos desprotegidos para que realicen misiones de venta de drogas o de enfrentamiento armados contra las fuerzas de seguridad.

Pero el nivel de agresividad y de profesionalismo les permite enfrentarse contra otros cárteles para disputarles su territorio.

Crecimiento de la Organización

Actualmente, Los Zetas enfrentan directamente a los políticos corruptos que no les dejan el campo libre, como por ejemplo la implicación del grupo en el incendio del casino Royale de Monterey, que destapó una red de sobornos en las casas de juego, que implican al hermano del alcalde de la ciudad.

Por otro lado, el avance se centra en atacar a no sólo a la policía y militares, sino a civiles que aportan públicamente en Internet datos que comprometen al grupo. Días atrás dos personas fueron torturadas y colgadas de un puente en Nuevo Laredo con mensajes que amenazaban a quienes los denunciaran vía web.

Las fosas comunes con cientos de cuerpos encontradas en varios puntos del norte del país se suman a las decapitaciones, que son el sello de esta cruel banda, que asesinan niños, violan mujeres y torturan y matan hombres, como método sistemático de acción, con el fin de generar terror.

Su autonomía comenzó en 2007 cuando se separaron del cártel que los había reclutado, el del Golfo. Recién en 2008 comenzaron a actuar de manera independiente y experimentaron una expansión que abarca a la mitad del territorio mexicano.

Surgieron alianzas con el cártel de Sinaloa, que les permite fortalecerse y expandirse hacia el sur, en Guatemala, y posiblemente en Honduras. Mientras que su presencia en territorio estadounidense data de 2008 cuando el FBI denunció que Los Zetas estaban preparando en el estado de Texas una acción armada contra la policía local.

El informe de las autoridades norteamericanas puso en funcionamiento la búsqueda del líder regional Jaime González Durán, alias 'El Hummer', uno de los miembros fundadores de Los Zetas, que fue capturado en noviembre de 2008 en la ciudad de Reynosa, Tamaulipas, antes de que comenzara un operativo violento en Texas.

Sin embargo, como casi todos los grupos narcos, Los Zetas obtienen las armas de los vendedores estadounidenses a través de intermediarios.

Recién en febrero de 2011, luego del asesinato del agente de aduanas estadounidense Jaime Jorge Zapata, Washington hizo pública su condena a este grupo, considerándolo como uno de los más peligrosos del mundo.

De acuerdo con el investigador Luis Astorga, Los Zetas intentan mantener un bajo nivel de enfrentamiento, que es reemplazado por la guerra psicológica similar a la utilizada por Estados Unidos en Vietnam.

¿Cómo es la estructura?

Heriberto Lazcano, alias “El Lazca”, es el comandante en jefe. El origen militar del grupo lo ha caracterizado por utilizar una estructura jerárquica en la que unos 40 hombres, en su mayoría fundadores de la organización, son los comandantes en jefe y son denominados Zetas Viejos.

En la línea sucesoria se encuentran los Cobras Viejos, que son miembros que carecen de instrucción militar, pero que toman decisiones en el accionar del grupo y coordinan las misiones de venta de drogas y de provisión de armas.

Luego siguen los Zetas Nuevos, que son una fuerza de choque de elite y en su mayoría son ex miembros Kaibiles, un grupo especializado militar guatemalteco. Portan armas livianas y están bien equipados con pertrechos sofisticados, como cascos con visión nocturna. También, a este subgrupo lo componen desertores de la Policía Militar (PM), Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFES), personal de la Brigada de Fusileros Paracaidistas (BFP) y Grupos de infantería.

Siguen los Cobras, que no tienen instrucción militar, pero son los encargados de la distribución de la droga y de la recaudación del dinero.

Por último se encuentran los Halcones, compuestos por adolescentes y jóvenes marginales que son reclutados para asesinar y espiar a cárteles rivales y a las fuerzas de seguridad.

Historia de un cuerpo de Elite

En 1994 fue creado este grupo entrenado militarmente por la CIA, el Ejército israelí y comandos franceses para combatir al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas, que se habían levantado contra el gobierno mexicano.

Bajo el liderazgo del desertor del grupo, Arturo Guzmán Decena, Los Zetas se unieron en 1999 al Cártel del Golfo. La separación de ese cártel se realizó luego del lanzamiento de la guerra contra el narcotráfico del presidente Felipe Calderón.

Aunque hayan sido apresados y abatidos varios capos de Los Zetas, la organización está fuera del control del gobierno mexicano y guatemalteco.

Los bajos salarios de los militares y policías que se unen a Los Zetas y el creciente deterioro de las instituciones se suman a la venta de armas y a la pasividad del gobierno estadounidense en cuanto al combate contra el tráfico de drogas en su territorio. No existe voluntad política por parte de Washington para modificar estos dos últimos factores, que son clave para la supervivencia de esta terrible banda criminal.

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