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actualizado 17 de abril 2012
Elecciones en Francia: inmigración, desempleo y masacre de Toulouse
Nicolas Sarkozy quiere la reelección
Por Maximiliano Sbarbi Osuna
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Desde los asesinatos producidos en Toulouse, el presidente Nicolás Sarkozy experimentó un ascenso en la intención de voto. La falta de propuestas de su rival Françoise Hollande y la estigmatización de los inmigrantes musulmanes alejan del debate nacional la crisis económica y el desempleo. ¿Qué estrategias utilizó Sarkozy para acceder a su reelección?

La comparación que el presidente francés Nicolás Sarkozy hizo de la masacre de Toulouse con el 11-S no es casual, sino que es parte de la estrategia para posicionarse primero en las encuestas de las elecciones presidenciales.

Más allá de que la tragedia fue real, Sarkozy vio en la desgracia otra oportunidad para sacarle ventaja al su principal contendiente, el socialista Françoise Hollande.

Para demostrar su liderazgo se hizo presente en medio de la crisis tal como había hecho en 1993, cuando fue alcalde de Neuilly, al intervenir directamente para liberar a los niños tomados como rehenes en una escuela maternal.

Esta demostración de compromiso logró su objetivo, ya que por primera vez Sarkozy superó los 28 puntos de intención de voto, que es precisamente la cifra que ostentaba Hollande.

Más apropiado sería comparar la masacre con el 11-M español, ya que el candidato favorito para las elecciones sufrió una derrota tras los ataques terroristas a pocos días de las elecciones, lo que provocó su derrumbe.

Contra los inmigrantes

En su mayoría, los ciudadanos franceses aprobaron la acción de los servicios secretos y la reacción del presidente ante los crímenes a pesar de que la candidata de ultraderecha Marine Le Pen señalara que los atentados estaban relacionados con la inmigración musulmana.

Si bien, Sarkozy ha cargado las culpas de varios de los males de Francia, como el desempleo, sobre los inmigrantes del norte de África y gitanos, el presidente afirmó que en este caso no había conexión dado que el asesino de Toulouse, Mohamed Merah, descendiente de argelinos, nació y se crió en Francia.

Además, los servicios secretos no actuaron eficientemente, ya que Merah había sido entregado a Francia por Estados Unidos el año pasado, luego de haber viajado a Afganistán y Pakistán, presuntamente para recibir entrenamiento en armas.

Paralelamente, para distraer a los votantes de los efectos de la crisis y de las medidas de ajuste, volvió a poner en el centro de la escena el tema de la inmigración, acusando directamente a España e Italia por no controlar sus costas ante la llegada de inmigrantes marroquíes y sobre todo libios, luego de los ataques de la OTAN, que provocaron un éxodo en el país árabe.

Además, volvió a denostar el Acuerdo de Schengen, por el cual las fronteras intereuropeas permanecen abiertas.

De esta manera, manipula las críticas de la izquierda y tuerce el debate sobre los verdaderos problemas que afectan a Francia.

Estrategias de campaña

Hollande lideró las encuestas durante un largo tiempo no por mérito propio, sino por el rechazo social a Sarkozy. Su equipo no logra presentar un plan ante el congelamiento de los salarios, la jubilación, la energía nuclear y el liderazgo alemán de Europa, que son los principales reclamos de los franceses.

Carente de ideas que se puedan oponer al presidente, el candidato socialista es un fiel exponente de la actual socialdemocracia europea, ya que perdió en la práctica los valores de la inclusión social.

El Partido Socialista (PS) obtiene parte de sus votos mediante la alianza con el Partido Verde, que necesita de un partido populoso para mantener sus bancas en el Parlamento. Sin embargo, Hollande promueve la industria nuclear, responsable del 75% de la generación eléctrica de Francia.

El poderoso lobby nuclear francés es tan fuerte que el PS manifestó su disposición de mantener hasta 2017 la fabricación de MOX, el combustible de dióxido de plutonio y uranio que usa la central de Fukushima.

Estas incongruencias le han hecho perder puntos en la carrera presidencial, como también el ascenso del Frente de Izquierda, y su candidato Jean-Luc Mélenchon, que presenta las propuestas progresistas que Hollande no puede elaborar por sus vínculos con poderosas empresas.

Sarkozy ha utilizado diversas estrategias para llegar a los 28 puntos y superar al candidato socialista.

Por ejemplo, la revista alemana Der Spiegel denunció un boicot de Sarkozy a Hollande, en complicidad con Alemania, que consiste en que los principales países europeos no reciban al socialista por su intención de revisar los tratados europeos firmados por Sarkozy y Merkel.

Además, cada cumbre europea es aprovechada por Sarkozy para enviar mensajes a su electorado interno, pretendiendo demostrar que a pesar de los ajustes ha logrado mantener a Francia a salvo del caos financiero que atraviesan Grecia, Portugal y España.

Doble juego con el mundo Musulmán

El discurso antimusulmán de Sarkozy es incoherente con la política exterior que desarrolla junto a sus socios de Arabia Saudita y Qatar, dos países con gobiernos ultrarreligiosos. Por un lado, Francia participó de la invasión a Libia, con ayuda de soldados qataríes y con elementos guerrilleros procedentes de Al Qaeda, que hoy gobiernan en Trípoli.

Además, París se sitúa del lado de la oposición islámica siria en contra del laico Bashar al Assad, junto con las monarquías del Golfo Pérsico, que arman a los rebeldes. En tanto, Francia ha contribuido a apoyar a los gobiernos islámicos y a las contrarrevoluciones árabes promovidos por los fundamentalistas tanto en Bahréin, como en Egipto.

Sin temor a correr el riesgo de que la estigmatización de los inmigrantes musulmanes le proporcione votos a su rival Le Pen, el candidato-presidente es consciente de que en caso de que Hollande quede fuera de la segunda vuelta, el rechazo a la candidata conservadora es alto.

En tanto, Sarkozy ya está en dentro del ballotage, contra Hollande. El aprovechamiento de la masacre de Toulouse fue la última de las jugadas que lo impulsó hasta esa posición. Pero, ahora deberá continuar sacando frutos de la inacción de su rival para conseguir la reelección.

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