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actualizado 4 de abril 2012
Las dificultades de la anticoncepción en el mundo subdesarrollado
Venezuela es el país sudamericano con mayor tasa de embarazos precoces
Por Maximiliano Sbarbi Osuna
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La carencia de información es una de las trabas que impiden la planificación familiar, tanto en América Central, como en África. ¿Cómo inciden los escasos presupuestos de salud, los prejuicios sociales, el machismo y la violencia de género en el acceso universal a los anticonceptivos?

El acceso mundial a la salud reproductiva para 2015 es uno de los derechos establecidos por las Naciones Unidas dentro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Pero, lamentablemente, por diversas causas aun se está lejos de cumplirse universalmente.

La planificación familiar está directamente asociada con el control de la natalidad y para que ello suceda, los gobiernos deben proveer la información necesaria y un programa estatal de asistencia médica especializada para lograr espaciar los embarazos deseados y además para evitar los no deseados.

Durante la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD), celebrada en El Cairo, en septiembre de 1994, de la que participaron 179 países, se estableció el acceso universal a la anticoncepción y la educación sexual gratuita para poder establecer una planificación familiar adecuada.

Como sucede en varios ámbitos, los países subdesarrollados son los que más sufren las consecuencias.

Indígenas de guatemala

Pese a que las Encuestas Nacionales de Salud Materno Infantil revelen que en Guatemala la tasa de utilización de anticonceptivos creció, las indígenas usan menos anticonceptivos.

La exclusión social, la falta de información oficial y la pobre demanda de insumos en las zonas rurales contribuyen a que el acceso a la anticoncepción se produzca esporádicamente.

Esto afecta la calidad de vida de las mujeres mayas, dado que al no poder planificar la cantidad de hijos que desean, en muchos casos deben alimentar nuevos hijos pese a la pobreza en la que vive la mayoría de estas comunidades.

En el campo, el promedio de hijos por mujer es de 4,5, mientras que las encuestas oficiales revelan que las pobladoras rurales, en su mayoría, desearían tener menos niños.

Además, otros impedimentos para informarse sobre los métodos anticonceptivos y los efectos que producen se asocian con la escasa escolaridad y el desconocimiento del castellano, la lengua oficial de Guatemala.

Aunque los idiomas indígenas están reconocidos, en varias regiones no se cumple la norma de informar sobre asuntos de salud en lengua maya y otros dialectos.

De esta manera, las indígenas no tienen acceso a una educación sexual adecuada, y cuando aparece algún efecto secundario suspenden el uso del anticonceptivo sin consultar a los especialistas.

Dificultades en África

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el África subsahariana, por ejemplo, en 2005 el 55% de las mujeres no tenían suficiente atención prenatal, mientras que el 24% no tenía acceso a servicios de planificación familiar.

Abidjan, la capital comercial de Costa de Marfil con cerca de cinco millones de habitantes, posee sólo una clínica que atiende servicios gratuitos de anticoncepción.

La guerra civil del año pasado, en la que intervino activamente Francia, para imponer al actual presidente, Alassane Ouattara, congeló los planes de salud.

El mandatario se vio obligado a implementar servicios de salud gratuitos en todo el país, para mitigar los efectos de la guerra, pero la gratuidad no incluye a la salud sexual y reproductiva, porque son métodos preventivos y no curativos.

Solamente el 4,5% del gasto se destina a la salud, pese a que Costa de Marfil se comprometió a dedicar el 15% de su presupuesto nacional a esta asignatura.

Machismo

Tanto en Guatemala, como en Costa de Marfil, la desaprobación de la utilización de los anticonceptivos por parte de los hombres, dentro de las parejas, es otro factor que atenta contra la adecuada planificación familiar.

En varias salas improvisadas o en hospitales aun les solicitan, a las mujeres menores de edad, el permiso de sus padres o parejas para otorgarles los anticonceptivos, con lo que se están violando los tratados de salud firmados por Guatemala.

Además, existen prejuicios sociales de que si una mujer utiliza anticonceptivos significa que tiene varios hombres y otro es que la mujer tiene la función principal de parir.

En Costa de Marfil, en varias zonas aun es común que el hombre es el que decide sobre el cuerpo de la esposa, oponiéndose a la utilización de condones por considerarlos antinaturales.

Pero aquí estalla una contradicción, ya que la decisión de la nula planificación familiar recae sobre el hombre, pero el estigma social responsabiliza a la mujer de la ocupación de los hijos incluido su propio embarazo, nacimiento y cuidados postnatales.

La violencia de género también juega un papel importante en la planificación familiar, tanto en algunas comunidades de América Central como africanas, ya que si la mujer decide tomar pastillas anticonceptivas a espaldas del hombre, corre el riesgo de ser agredida.

Mientras en algunos países la planificación familiar genera tasas negativas de natalidad, en varias regiones del mundo subdesarrollado, las condiciones sociales, los prejuicios, el machismo y la desatención de la salud provocan el efecto contrario, que recae principalmente sobre las mujeres, los indígenas y los sectores más relegados.

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