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actualizado 28 de octubre. 2011
¿Biocombustibles causantes de crisis alimentaria?
Los ciudadanos de los países más pobres, que dedican el 80% de sus ingresos a la alimentación son los más afectados por el incremento de los precios
Por Gustavo Adolfo Vargas*
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En el último medio Siglo, la peor sequía en Estados Unidos ha devastado, la sexta parte de su cosecha de maíz, ocasionando una hiperinflación alimentaria. Los gobernadores demócratas de Delaware y Maryland urgieron a la Casa Blanca declinar al mandato gubernamental de mezcla de etanol, debido al sub-abastecimiento de maíz.

Los mayores inconvenientes de tales productos son la utilización de cultivos de vegetales comestibles (maíz), cambio de uso de tierras dedicadas a la alimentación, cultivo de vegetales destinados a producir biocombustibles que provocan la deforestación y desecación de terrenos y selvas vírgenes, elevando los precios y financiando la tala de bosques nativos.

Si la materia prima empleada proviene de cultivos, hay que valorar si éste es el mejor uso posible del suelo frente a otras alternativas (cultivos alimentarios, reforestación, etc.). Todo ello depende de las circunstancias particulares y específicas de cada territorio. A similares conclusiones llegó la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Peter Brabeck-Letmathe, presidente del Consejo de Administración de Nestlé, en el diario austríaco Wiener Zeitung, refirió que la FAO recientemente solicitó a los Estados Unidos modificar sus políticas sobre biocombustibles dado que peligra el riesgo de una crisis alimentaria.

La FAO advierte del constante incremento de los precios en los últimos dos años, especialmente de cereales y azúcar, afectando a los países en desarrollo, dependientes de la importación de esos productos para alimentar a su población. Detrás de ello, hay fuertes grupos de presión y altas subvenciones. Se espera una crisis alimentaria y hambrunas más intensas que las de 2008.

Los ciudadanos de los países más pobres, que dedican el 80% de sus ingresos a la alimentación son los más afectados por el incremento de los precios, ejemplo clave es México, con la producción de maíz cuya compra para producir biocarburantes para Estados Unidos provocó que en el primer semestre de 2007, la tortilla de maíz (alimento básico de México) duplicara e incluso triplicara su precio. Ciertos países europeos pueden resistir el alza pero en África, partes de Asia y América Latina la situación es diferente.

El impacto ha alcanzado a los procesadores de alimentos (Nestlé, Kraft y Tyson), quienes advirtieron que trasladarán los altos precios a los consumidores. Tal situación revive el recuerdo de la crisis 2007/2008, que desencadenó revueltas en más de 30 países, desde Bangladesh hasta Haití.

En el ámbito internacional, las futuras guerras del hambre presagian que la gran sequía de 2012, tendrá duras consecuencias, con disturbios sociales generalizados y violentos conflictos. Sus efectos serán más devastadores debido a que muchos países dependen de las importaciones de granos de Estados Unidos.

Existe alarma de inestabilidad en África, donde el maíz es su alimento básico, mientras en China se auguran crecientes disturbios. El alza de precios alimentarios en Estados Unidos y China, conllevará a la desaceleración de la economía global y a una mayor miseria mundial, con consecuencias sociales impredecibles.

Los cárteles alimentarios de Estados Unidos, que se arrogan el privilegio de no cotizar en bolsa, usan los alimentos como arma geoestratégica, impidiendo el desarrollo agrícola de las regiones periféricas sin incluir la tecnificación genética de la agricultura por Monsanto, que maximiza las ganancias y controla políticamente la hambruna global.

Las empresas de capital riesgo, optan por desestimar al etanol procedente del cultivo de maíz e invierten en productores que utilicen algas, residuos forestales, agrícolas u otro tipo residual.

Referente al consumo de recursos y a la contaminación ambiental, algunos procesos de producción de biocarburantes son más eficientes que otros. Por ejemplo, el cultivo de la caña de azúcar requiere menos fertilizantes que el maíz, por lo que el ciclo de vida del bioetanol de caña de azúcar, supone mayor reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, respecto al de combustibles fósiles con más efectividad que el ciclo del bioetanol derivado del maíz.

El departamento estadounidense de Agricultura redujo en 17% su pronóstico de producción maicera, debido a los daños ocasionados por la actual sequía en ese país, que en la bolsa de Chicago llevó al bushel de maíz (unos 25.4 kilogramos) al récord de 8.49 dólares. Todo lo anterior lleva a conjeturar si la producción de biocombustibles es la mayor causante de la crisis alimentaria.

* Diplomático, jurista y politólogo.

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