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actualizado 23 de febrero 2012
La otra cara de las energías renovables
Existe un sector económico interesado que apuesta por las energías verdes
Por Maximiliano Sbarbi Osuna
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El modelo de producción energética debe cambiar. El carbón, el gas, el petróleo y la energía nuclear deben quedar en el pasado y ser reemplazados por fuentes energéticas limpias. Sin embargo, algunos sectores que apoyan las energías renovables propulsan al mismo tiempo otra forma de producción contaminante y que además pone en riesgo el agua, las tierras fértiles y la seguridad alimentaria.

Existe un sector económico interesado que apuesta por las energías verdes pero con otros fines - AFP
A veinte años de la primera Cumbre de la Tierra se va a realizar en junio próximo la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible denominada Río+20.

En esta reunión se va a poner énfasis al reemplazo de la producción de energía obsoleta y contaminante como el petróleo, el gas, el carbón y la riesgosa energía nuclear por una energía limpia, verde y renovable, como la eólica, la hidroeléctrica y la solar.

La principal preocupación de la ONU es la escasez del agua para consumo humano y actividades agrícolas y además que aumente la presencia irreversible de gases de efecto invernadero.

Asimismo, sociedades civiles latinoamericanas hacen hincapié en los aspectos sociales y ecológicos para que la nueva economía basada en energías limpias reduzca la brecha de la pobreza y la concentración de la riqueza en pocas manos.

Sin embargo, existe un sector económico interesado que apuesta por las energías verdes pero con otros fines.

¿Qué esconden algunas organizaciones ecologistas?

Sin desmerecer las intensas labores de los activistas que luchan de manera desigual contra las corporaciones que defienden la producción energética basada en los hidrocarburos o en el carbón y la energía nuclear, existe un lobby que se manifiesta a favor de las energías renovables disfrazándolas de altruismo y ecologismo.

No cabe duda que el modelo energético debe cambiar para evitar el calentamiento global, la contaminación y las sequías, pero esta nueva cara verde de algunas compañías podría traer más desigualdad social y en algunos casos podría aumentar la inseguridad alimentaria.

Por ejemplo, la economía verde no pone en tela de juicio los patrones actuales de consumo desmedido ni el modelo agroalimentario, que se basa en semillas transgénicas, que se encuentran en propiedad de grandes compañías, que tienen el poder de modificar los precios en base a la cantidad de granos que lanzan al mercado.

Además, esas grandes empresas producen una coerción hacia los países productores de alimentos y a los agricultores obligándolos a comprar granos más resistentes a las plagas y al clima, pero que son estériles y que no producen nuevas semillas. Esto tiende a incrementar el problema alimentario mundial, ya que cada vez que produce un nuevo cultivo se debe volver a comprar la materia prima genéticamente modificada.

División en Puerto Rico

Existen en la isla de Puerto Rico condiciones geográficas para reemplazar el gas y el petróleo importado por energía eólica, paneles solares y proyectos hidroeléctricos. Sin embargo, la iniciativa eólica Santa Isabel está cuestionada por la gran cantidad de tierras fértiles que ocupa y además por lo inestable de los vientos en esa región, con lo que se teme que la energía que produzca sea intermitente.

El Censo Agrícola de Estados Unidos, indicó en un informe que Puerto Rico ya perdió 19% de su tierra cultivable entre 2002 y 2007 por factores ambientales y el crecimiento poblacional, en uno de los países más densamente poblados del mundo.

Si a esto se le suma la instalación de bases de molinos de viento, que ocupan 1,6 kilómetros en cada una, se teme por la seguridad alimentaria portorriqueña, que actualmente cubre sólo el 15% de las necesidades.

Biomasa y biología sintética

Entre las compañías interesadas en proyectos verdes se encuentran transnacionales de energía, agroindustriales, farmacéuticas, y químicas han construido alianzas para explotar la biomasa y apropiarse del control de los recursos naturales como la tierra y el agua.

De acuerdo con la ONG llamada Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (ETC), grandes empresas estudian áreas como la biología sintética, bioinformática y generación de datos genómicos, biomasa marina y acuática, semillas y plaguicidas, bancos de germoplasma vegetal, fertilizantes y minería, para que sean aplicadas a un nuevo modelo de producción.

De esta manera se promociona una campaña verde, pero se defiende el uso de la biomasa y de la biología sintética. La biomasa son las materias primas que producen energía, como por ejemplo la madera que se utiliza como leña o combustible.

La Biología sintética son sistemas biológicos con funciones que no se encuentran en la naturaleza, creados con el objetivo de producir de nuevos organismos programables.

Es altamente rentable porque sirve para la explotación de reservas mineras, proporciona seguridad en organismos transgénicos, como las semillas, y además se utiliza para producir bioenergía y etanol.

Los desechos de la biología sintética son altamente tóxicos, por lo tanto, esta es una parte de la doble cara de las empresas y organismos estatales que apoyan las energías verdes sin medir otras consecuencias.

Por su parte, el etanol y los biocombustibles han sido muy criticados porque la utilización de recursos hídricos y la tierra le quitan lugar a la agricultura, lo que produce un encarecimiento mundial de los alimentos.

Peligro de desigualdad social

El temor de algunas asociaciones ecologistas es que la utilización del agua y de las tierras fértiles, los desechos tóxicos de esta supuesta nueva energía verde y las obras de infraestructura que atentan contra el medio ambiente, como la construcción de molinos y usinas hidroeléctricas sean formas de producción energética renovable pero igual de contraproducentes que la industria del gas y del petróleo.

Esto además puede forzar a que haya más desplazamientos poblacionales por la carencia de agua o de tierras para el cultivo y por otro lado que se concentren en pocas manos la riqueza y la bonanza que van a generar las nuevas formas de producción energética.

Por supuesto, hay que descarbonizar el ambiente, pero el precio puede llegar a ser alto. Por eso, en la reunión Río+20 se van a tratar estos temas y participarán distintos sectores anticarbono y antinuclear: los que buscan reemplazarlo a toda costa por energías limpias sin tener en cuenta otras externalidades y los que buscan crear una conciencia no sólo ecológica sino de equidad social, cuidado alimentario y defensa real del medioambiente.

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