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actualizado 31 de julio 2012
Punta del iceberg de escándalo encubierto
Se ha desenmascarado un hecho delictuoso
Por Gustavo Adolfo Vargas*
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El escándalo que implica al banco inglés Barclays, se originó por el manipuleo de información para fijar la tasa Libor (London Interbank Offer Rates), que afecta la vida cotidiana de millares de personas a nivel mundial.

La tasa Libor es un dato fundamental en el mercado global de servicios financieros. La tasa de referencia de los préstamos interbancarios, así como de una infinidad de contratos derivados.

Una vez más, el suceso revela que los agentes del mundo financiero son enormemente beneficiados y que los investigadores de las agencias reguladoras, pretenden encubrir el fulgor de las falacias y ruindades de los banqueros.

Desde hace más de cien años, dicho sector intenta vender la idea que la tasa de interés es una variable determinada en el mercado de fondos prestables. O sea, han difundido la noción de que en una economía capitalista la tasa de interés es precio que pone en equilibrio la oferta y demanda de fondos (efectuados por ahorrantes e inversores).

Acorde con tal visión, los bancos solo ejercen un remunerado rol de intermediación (por las diferencias entre tasas de interés activas y pasivas). Un impersonal mecanismo de mercado, análogo al de papas, equilibra oferta-demanda y fija la tasa de interés.

Realmente el inversionista puede obtener lo que requiere si su proyecto se considera rentable, y para ello se le abre una cuenta, como si hubiese realizado un depósito. Significa que los bancos no son meros intermediarios: están inmersos en una operación de creación monetaria. Por ende, la tasa de interés no se prefija en el mercado de fondos prestables, sino que se constituye en una compleja praxis social en la que el sistema bancario lleva la voz cantante.

Tal perspectiva, permite deducir graves implicaciones. Como en cualquier parte del orbe, los ciudadanos están invariablemente expuestos a los abusos de los grandes depredadores. La mejor prueba es la relativa al pago de intereses a los bancos. Por ello, el escándalo de la tasa Libor es substancial y requiere que sus consecuencias políticas sean analizadas.

Ahora se ha desenmascarado un hecho delictuoso: durante varios años agentes de Barclays suministraron información errónea sobre las tasas a las que el banco supuestamente tomaría prestado, distorsionando así la tasa Libor. El objetivo de alterar la tasa referente, era obtener estratosféricas ganancias en operaciones sobre derivados en las que intervenían sus propios agentes.

La manipulación de la tasa Libor involucra tasas al alza y a la baja. Los agentes y el banco siempre se beneficiaron. El impacto sobre ahorrantes honestos y deudores del banco fue negativo. Queda por examinar el impacto sobre la deuda soberana y sus derivaciones para la crisis en Europa.

A raíz del mega-escándalo del banco británico Barclays, el Premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz, en una entrevista expresó que “las estafas financieras demostraron que la regulación precisa ser más estricta y los banqueros deben ser encarcelados ejemplarmente”. Sostiene que “es imperativo romper el poder político-económico acumulado por el sector financiero en las recientes décadas, particularmente en Estados Unidos y Gran Bretaña, lo cual es vital para construir una sociedad más justa y próspera”.

Cree que los políticos denotaron su marcada ignorancia económica al afirmar, que someter las actividades de los bancos daña a la economía como un todo, por lo que deben desestimar perder el tiempo escuchando al lobby financiero.

Londres (o Nueva York), son ciudades que han caído bajo, debido a las fechorías financieras, donde residen los banqueros agresivos. Barclays ha justificado su participación en estas maniobras con la clásica frase: todos los demás también lo estaban haciendo. ¿Qué sucedió? Se difundió la codicia.

Paul Craig Roberts, ex asistente de la Secretaría del Tesoro del Gobierno de Ronald Reagan, recientemente escribió un artículo titulado: “El colapso de la economía de EE.UU. y el fin del Mundo”, que acaso constituya una especie de radiografía del sistema estadounidense.

Empero, la investigación sobre este banco es solo la punta del iceberg, puesto que al menos hay otros bancos ingleses bajo la lupa. El escándalo debería crecer, pero las agencias reguladoras minimizan su magnitud, movidas por un oscuro interés de encubrirlo.

* Diplomático, jurista y politólogo

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