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actualizado 15 de marzo 2012
¿Es posible desarrollar la energía solar espacial?
El Sol emite unas 7.700 veces más energía de la que necesita actualmente la humanidad
Por Maximiliano Sbarbi Osuna
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La energía que emite el Sol fuera de la Tierra es siete veces más potente, lo que anima a científicos de países con dificultades de suministro a desarrollar una estación solar espacial que abastezca al planeta mediante una emisión inalámbrica. ¿Podrá ser esta forma de producción energética la que sustituya al petróleo, carbón y a la energía atómica?

Ante el déficit energético que se avecina tras el pico de producción de petróleo, que está próximo a alcanzarse en pocos años, científicos de los países carentes de energía están desarrollando ideas innovadoras para reemplazar el suministro de hidrocarburos.

Además, luego del accidente de Fukushima, el desprestigio en el que cayó la energía nuclear, que era la fuente natural de reemplazo a los hidrocarburos, está tornando políticamente inviable el desarrollo de nuevos reactores.

Por eso, John C. Mankins, ex jefe del Departamento de Tecnologías Innovadoras de la NASA, presentó un proyecto que consiste en crear una estación espacial que recoja la energía solar para transmitirla de forma inalámbrica a cualquier lugar del mundo.

Ventajas del suministro energético espacial

Varios estudios afirman que el Sol emite unas 7.700 veces más energía de la que necesita actualmente la humanidad, aunque en el espacio esta cifra se debe multiplicar por siete por la falta de una atmósfera y nubes que diseminan y filtran gran parte de sus componentes.

Los paneles fotovoltaicos situados en satélites que orbiten la tierra recibirán 1.371 watts por metro cuadrado proveniente del Sol, frente a sólo 200 watts que llegan a la Tierra.

El proyecto consiste en lanzar al espacio varios satélites que porten grandes paneles solares y que orbiten sobre el Ecuador para luego transmitir de manera inalámbrica la energía hacia cualquier punto del planeta.

La energía se transmitiría a través de microondas electromagnéticas o de un láser, lo que impide que la atmósfera frene todo el potencial de la energía solar pura.

El satélite podría transformar el calor solar en electricidad y ésta a su vez en microondas capaces de ser transmitidas sin cables. Luego en la Tierra, esas ondas serían convertidas nuevamente en electricidad.

Además, otra de las ventajas consiste en que la energía solar puede ser captada durante todo el día, en cambio los paneles solares terrestres no reciben la energía durante la noche.

Costos y dudas

La Academia Internacional de Astronáutica no reveló aún los costos, pero se supone que deben ser elevados.

En 2010 la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), junto con las empresas asociadas Mitsubishi y H-H, revelaron que podrían poner en órbita una estación, que contenga cuatro kilómetros cuadrados de paneles solares, es decir 1.600 veces mayor que las velas solares que posee la Estación Espacial Internacional.

Aunque un año antes, Hiroshi Yoshida, consultor en materias espaciales y de defensa indicó -quizás exagerando- al periódico británico Financial Times: "Los gastos deberían reducirse a una centésima parte de las estimaciones actuales para que la estación espacial solar fuera comercialmente viable".

De acuerdo con la BBC, la primera fase del proyecto costará cerca de 21.000 millones de dólares. Esta etapa consistiría en investigación y desarrollo.

Pero la última fase sería la más costosa, por lo que implica lanzar al espacio los 4 mil metros cuadrados de paneles solares para que ensamblados conformen un bloque homogéneo en un similar a la Estación Espacial Internacional. Los científicos japoneses estiman que la estación eléctrica espacial podría estar finalizada en 2030 y que inicialmente podría producir 1 gigawatt de energía, el equivalente al consumo eléctrico anual de cerca de 300.000 hogares en Tokio.

Más allá de las dudas por el costo, el gobierno japonés reveló que unas 16 compañías están interesadas en el proyecto. Por eso, es posible inferir que a mediano plazo el precio de la importación de hidrocarburos sumado al cierre de casi todas las centrales nucleares japonesas va a ser más caro que el megaproyecto de energía solar.

En Estados Unidos hace dos décadas que no se construyen nuevos reactores. En consecuencia, si se sigue esta política, pronto alcanzarán su vida útil.

La utilización del abundante carbón ya es un hecho tanto para Washington como para China, pero la alta cantidad de residuos contaminantes va a impulsar a los proyectos similares al de la estación solar espacial, que son totalmente limpios, pero muy costosos.

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