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actualizado 10 de Octubre 2012
El Che Guevara y los dólares de USAID
Tan lejos y tan cerca de La Higuera, cuarenta y cinco años después
Por Luis Agüero Wagner
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A cuarenta y cinco años de la relampagueante muerte física del mítico guerrillero argentino Ernesto Che Guevara, los actos de propaganda que hasta hace poco buscaban anexarlo al panteón de la fraudulenta izquierda paraguaya, consumando también su muerte metafísica, brillan por su ausencia. En contrapartida, no faltan las acciones de la insurgencia, que hace pocos días instauró su autoridad en Horqueta, una de las ciudades más importantes del departamento de Concepción. Desde los norteños montes se dirigió un preciso ataque a las posiciones enemigas. “No fue un ciberataque de los ciberguerrilleros. Quienes burlando a los matones de la oligarquía atacaron dejándolos en ridículo, fueron guerrilleros armados con bombas y armas automáticas” aclaran miembros del EPP en las redes sociales.

“La radio Guyra (pájaro ) Campana fue copada anoche por los guerrilleros del Ejército del Pueblo Paraguayo. Las "baladas latinas " de la noche fueron suspendidas para que el mensaje fresista llegue a sus destinatarios” relata el grupo armado, reivindicando dichas acciones.

Digo que la guerrilla impuso su autoridad porque como consecuencia de tales hechos, el medio atacado renunció a seguir pasando la publicidad del gobierno, y varios de sus periodistas renunciaron a su trabajo en el lugar.

Evidentemente, el montaje mediático-oligárquico del fraudulento teólogo de la liberación Fernando Lugo como referente de la “izquierda”, no fue muy convincente al menos para estos exponentes de la izquierda marxista paraguaya.

Es que nada pudo resultar más paradójico que ser reivindicado por favorecidos de USAID y el National Endowment for Democracy para quien hace medio siglo identificó al poder norteamericano como el enemigo global número uno de la humanidad, y a quien nada ni nadie irritaba tanto como el mercenario, posesionado como estaba de una causa con tanta potencia como para acabar coronando con un brutal y elocuente epílogo sus propias convicciones.

Los exponentes que se adueñaron del símbolo, seguidores del cura papá Fernando Lugo, guevaristas de simulacro, más que el famoso lema marxisto-guerrillero “Patria o muerte ¡Venceremos!”, deberían adoptar el “Patria o muerte ¡Venderemos”, al estilo del sitio web “The Che Store” que acepta tarjetas de crédito VISA y ofrece todos los accesorios de vestuario para “tus necesidades revolucionarias”.

En verdad, no han hecho más que sumarse la cultura pop de la que somos consumidores, y que viene arremetiendo contra el mensaje guevariano mucho antes que la marca de vodka Smirnoff, propiedad de una familia rusa zarista que debió huir a Estados Unidos con el advenimiento de la revolución de Octubre, adoptó el famoso retrato de Korda a sugerencia de una agencia de publicidad inglesa. Hoy, evidentemente, el mundo ha sido tan enjuagado por el marketing como para que una familia zarista -o beneficiarios de dólares de USAID o el NED, como los dirigentes luguistas, y el célebre guerrillero comunista, confluyan en un trago aguardentoso a modo de armisticio dialéctico.

Se ha dicho que la leyenda del Che tiene muchos cultores que la asimilan más para conmover ocasionalmente relaciones interpersonales que para encender la lucha de clases, aunque unos pocos admiradores sinceros como Rodolfo Walsh, hayan tenido la integridad suficiente como para acusar la propia vergüenza de que Guevara haya muerto con tan pocos a su alrededor. Sin lugar a dudas nuestros héroes locales no se hubieran contado entre los leales en Valle Grande ni en La Higuera, incapaces como demostraron tener de la mínima entereza para rechazar los dólares que USAID siempre les facilitó para su activismo de “izquierdas”.

De pertenecer a la especie no se salvan los eternos vividores de las ONG que militan en el movimiento Tekojoja, los filizzolistas a quienes bajo directivas del norte se les fue la mano con el arte abstracto expresionista en la vía pública durante su administración municipal, o los opinólogos seudo-izquierdistas que desde las páginas de la prensa maccartista cantan loas a los planes energéticos de W. Bush mientras nos presentan un mundo tiranizado sin lugar para el futuro, donde solo puede existir el consumo, aunque la mercancía a vender sea ocasionalmente el mismo CHE.

Debe ser tan común que se crea que el traidor es indispensable para que se produzca el fracaso del héroe, pero por lo general fracasan las propias carencias, la propia hipocresía, los propios errores. Ciro Bustos, artista que acompañó como guerrillero al CHE en su aventura boliviana y a quien muchos acusan de ser el gran traidor de la empresa, se ha defendido diciendo que la izquierda a veces confunde los roles con excesiva facilidad y cree aproximarse a la categoría de iglesia (las sectas luguistas lo confirman), instalándose allí con pretensiones hegemónicas, tanto que a veces también necesita del Judas alegórico, de carne y hueso, que justifique sus falencias y fracasos. La situación se complicó en nuestro caso, cuando el Judas se hizo necesario para alcanzar el éxito, y luego abandonó a todos sonriente y sin recibir tan siquiera un empujón.

Adversarios ideológicos rechazan las ideas políticas de Guevara, pero con frecuencia comparten los valores que giran alrededor de su mito: revolución, coraje, solidaridad y sobre todo la coherencia. Me atrevo a decir que los admiradores de esta categoría son mejores que los otros, al reconocer que estar moralmente en lo correcto en última instancia, es más importante que lograr una victoria. Algunas de las sectas luguistas que en su momento se proclamaron furiosas guevaristas, han demostrado en los hechos estar dispuestas a renegar mil veces de lo moralmente correcto a cambio de alcanzar una victoria electoral que les permita acceder al zoquete. Hoy, enviados a vacaciones por tiempo indefinido y sin goce de sueldo, están demostrando que ni siquiera les avergüenza reincidir en sus graves errores.

La artista plástica Liliana Porter, cuyo sello son las ideologías y significados entrecruzados intencionalmente, llamó “Simulacro” a su obra donde un CHE de juguete orbita junto a Mickey y Donald, mientras el rockero argentino Moris lo asocia en una de sus letras con Drácula y King Kong. Dentro del mismo contexto, la asimilación del CHE a la iconografía de la izquierda luguista apenas si fue otro ejemplo de cómo el cinismo y la fortuna de un ícono lo pueden ser anexados a la propaganda e incluso a la ficción, sin lograr resignar su lugar en la verdadera historia.

Regis Debray recordaba asombrado, en contrafigura, cómo entre los combatientes del Che se contaban a ministros del gobierno cubano, que cayeron abatidos en selvas de Bolivia sin que las cámaras de Televisión pudieran captar las últimas escenas de su vida, con una absoluta devoción por San Ernesto de La Higuera, mártir de Valle Grande. Es que como lo dijo Roberto Jacoby, un guerrillero no muere para terminar en un póster colgado en la pared.

Valga este discernimiento en homenaje a los valores universales de una de las máximas leyendas del siglo XX, a cuarenta y cinco años de aquellos sucesos en La Higuera, que este mundo cambiante a veces muestra en una perspectiva tan lejana, y otras veces tan cercana.

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