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actualizado 3 de Octubre 2012
Borrascosas relaciones entre China y Japón
La disputa entre China y Japón es peligrosa
Por Gustavo Adolfo Vargas
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China y Japón están enfrascados en una antigua disputa por unas deshabitadas islas rocosas del mar de la China Meridional, a las cuales Japón llama las Senkaku y China las Diayou. Se cree que dicha zona es rica en petróleo y gas, siendo las principales razones económicas y geopolíticas, con un fuerte componente militar.

La forma cómo los conflictos se diriman es importante para el futuro de Asia. La clave es el creciente cerco militar del que China es objeto, para lo cual la única forma de romper tal bloqueo, es disponer de un corredor de salida hacia aguas internacionales y disputar la soberanía del grupo de islas Diaoyu/Senkaku. No es sólo un asunto de recursos.

El foco de atención y el despliegue militar de Estados Unidos fuera del Golfo Pérsico ya está enclavado en el Pacífico Occidental contra China. La administración Obama recientemente anunció que en los próximos años el 60% de su marina de guerra se desplegará alrededor de China.

Aunque Japón afirma que tomó el control del archipiélago hacia 1890, China sostiene que descubrió y bautizó antes las islas, administradas por la defensa costera nacional desde los tiempos de la dinastía Ming (1368-1644).

El álgido repunte del contencioso en torno a las islas Diaoyu/Senkaku refleja la fragilidad e inestabilidad de las relaciones bilaterales, amenazadas por sombras de tensión difíciles de erradicar y la relativa pugna por redefinir el lugar de cada país en el inmediato entorno asiático.

Para China, el entendimiento sólo es posible a partir del reconocimiento de Japón de sus responsabilidades históricas (reparación de los daños infligidos durante la Segunda Guerra Mundial) y una mayor implicación regional. Por su parte, a Japón, le resulta difícil articular el resurgimiento chino y sus consecuencias regionales, particularmente en el entorno del sudeste asiático.

En China, toda disputa territorial abre las heridas históricas del nominado “siglo de humillación” a manos de los colonialistas europeos, quienes impusieron tratados desventajosos e infamantes concesiones a una débil y decadente China imperial, y del apetito imperialista de Japón que le arrebató Taiwán y ocupó Manchuria, una historia de desgracia nacional a la que Mao Zedong y los comunistas pusieron fin en 1949.

Ninguna de las capitales desea que ganen en trascendencia las discrepancias históricas, las tensiones energéticas o las disputas en torno a Taiwán y las islas. Desde 2005 existe un estratégico diálogo bilateral, con propósito de desbloquear la indiferencia que vivían desde 2001, cuando el primer ministro Koizumi reanudó las visitas al santuario de Yasukuni, donde veneran a los japoneses caídos en combate, incluidos varios criminales de guerra.

Hu Jintao mostró una actitud más favorable hacia Japón que la de su antecesor, Jiang Zemin, apostando por una mayor integración regional, convencido de atenuar las tensiones bilaterales. Pronto se disiparon las esperanzas que despertó Shinzo Abe, en 2006, quien eligió China como su primera visita al exterior.

Ambos sondeaban la posibilidad de zanjar las divergencias para construir una relación bilateral a la altura de las exigencias de un Siglo XXI en el que Asia debería demostrar su mayoría de edad.

Muchos pensaron que mejorarían las condiciones para articular una mayor proximidad, tras la victoria del PDJ (Partido Democrático de Japón) en 2009, lo cual no sucedió. Hu Jintao acarició la idea de articular Asia como un poder regional hasta 2009. En la visita que realizó al Japón el primer ministro Fukuda en 2008, se gestaba una posible refundación de Asia oriental con miras a un entendimiento trilateral con Corea del Sur que daría sus primeros pasos a finales de ese año.

En consecuencia, la disputa entre China y Japón es peligrosa, y el recurso a la guerra en el presente o a futuro, no es desacertado. Afortunadamente, los líderes de ambos países han procurado bajar las tensiones, siendo conocedores de los enormes intereses económicos en juego.

Definitivamente, el entendimiento con Japón e India es clave para que el ascenso económico asiático derive en una máxima incidencia política-global, superando y adaptando las naturales rivalidades por el liderazgo. Pero ni Japón ni India, aceptan fácilmente un liderazgo chino, al menos no el planteado en su forma tradicional; tampoco Estados Unidos. A decir verdad, las relaciones entre China y Japón siempre han sido borrascosas.

* Diplomático, jurista, y politólogo

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