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actualizado 4 de Abril 2013
Francisco, el latinoamericano
Francisco ya está en su trono terrenal
Por Mario Fulvio Espinosa
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Según los evangelistas la única corona que tuvo Jesús en vida fue una tejida con bejucos de espinas. Nunca uso mitras, sotanas ni capelos. Sus vestimentas siempre fueron las que llevaban los varones comunes de su tiempo, para él no hubo capas recamadas, casullas, ni otros ornamentos de lujo opuestos a la humildad, la pobreza, el amor al prójimo y el amor a Dios que Él predicaba.

Vale preguntar por qué usan tantos oropeles los papas, cardenales, arzobispos, obispos y curas. ¿No estarán representando a un Jesús que no es Jesús y por tanto una forma de vida, conducta y procedimientos que no son ni serán los de Cristo? ¿Por qué el sabio Espíritu Santo no iluminó a los sacros sucesores de Pedro para evitar esa metamorfosis? ¿Será que por ahí andaba “el maligno”?

Caben estas y otras preguntas al observar el “show mediático” y el solemne boato que tuvo lugar en el mayor templo del mundo católico para la elección del nuevo Papa. Fue la repetición de un espectáculo soberbio, solemne, gutural y misterioso que se viene repitiendo desde antes de la primera fase de la Edad Media, por cierto llamada la “edad del oscurantismo”.

En el ámbito solemne de la gran catedral se escucharon los ecos gregorianos, los ofertorios en latín, las lecturas de libros evangélicos arcaicos, y el entrecruzarse, subir y bajar al altar de los actores del impresionante espectáculo.

El Colegio Cardenalicio daba la impresión de ser una reunión de recamados escarabajos encorvados, dando vueltas y más vueltas antes de elegir con “democracia” al nuevo jefe de la Iglesia. Por supuesto no existían candidatos y esto generaba una “santa especulación” entre la grey amada pero no tomada en cuenta. “La fe te valga” rezaba el pueblo cristiano en la enorme plaza.

En el más absoluto secreto comenzó el cónclave. A puertas cerradas y selladas. Todo lo que ocurrió en el escrutinio no será divulgado so pena de excomunión. De ahí que nunca se conocerá cuántos votos tuvo Francisco, quiénes fueron sus oponentes y si estos quedaron conformes. Para evitar reclamos se queman los votos.

Ahí hay electores pero no consejos electorales que, total, para nada servirían puesto que este modo “democrático” de elección tiene mil cuatrocientos años de existencia y cuenta con la santísima asesoría del Espíritu Santo.

Claro que si las cosas salen mal y el Papa no llena las expectativas que se le exigen, no hay que culpar al Espíritu Santo sino a la parte humana que hizo la elección. Porque el Santo Espíritu nunca se equivoca, es infalible como se supone lo es el Santo Papa.

Según la experiencia milenaria el Espíritu Santo es un hábil político monárquico, conservador ultramontano. Las elecciones de los papas siempre ocurren para contrarrestar las luchas libertarias de los pueblos y controlar a aquellos que dentro del seno del catolicismo reclaman respeto a la humanidad y a los nuevos tiempos.

Ya veremos si el nuevo Papa supera la corrupción y el atraso. Trabajo tiene y en abundancia. O, si por ser latinoamericano reconoce y apoya la nueva era que en América Latina ha culminado con la constitución de la CELAC y el ALBA.

De ahí, y porque el que se ha quemado con leche hasta la cuajada sopla, resulta inquietante la imposición de un “Papa Latinoamericano” que podría venir a ser una retranca para el progreso de la justicia y la verdadera democracia que anhelan nuestras naciones.

Para mal o para bien ya el tiempo, y no a tan lejano plazo, nos dirá la posición de Francisco.
En fin, Francisco ya está en su trono terrenal. Compite en este aspecto con las monarquías apolilladas de la vieja Europa, posición que nunca imaginó ni soñó Jesús, que nunca uso capirotes recamados, sotanas de casimir, catedrales imponentes, báculos, anillos y otros artificios Y cuyo reino no era de este mundo.

*Catedrático de periodismo

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