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actualizado 28 de Agosto 2013
Un jesuita se apodera del papado
El Papa flagela a los políticos de toda calaña y condición por utilizar sus cargos para su lucro personal, sin ponerlos al servicio del bien común
Por Gustavo Adolfo Vargas
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Francisco llegó al papado, tras la etapa reformista de Juan XXIII y Pablo VI (papas del Concilio Vaticano II) y el leve apunte de Juan Pablo I, que duró solo 33 días en el Solio Pontificio. Sorpresivamente llegó la involución, que de la mano de Wojtyla y Ratzinger se prolongó 35 años.

Leonardo Boff, teólogo brasileño, uno de los máximos exponentes de la Teología de la Liberación, expresó: “Francisco está en peligro, porque en el Vaticano hay una historia de muchos asesinatos desde hace mucho tiempo”.

El teólogo al que Ratzinger le impuso silencio, recuerda cuando Juan Pablo I, reunió a los cardenales y les anunció que se iría a vivir fuera del Vaticano. Dos días después, apareció muerto. Quizás por ello, Boff advierte a Francisco tener cuidado, porque donde hay lucha por el poder no hay amor, y el poder siempre persigue más poder.

La Curia romana, que se hizo con las llaves de la maquinaria vaticana tras los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, quería ampliar el ciclo conservador en la Iglesia en pro de sus intereses.

Pero, Benedicto XVI, le quebró el esquema al poder curial. Harto de los “lobos” de su Curia y sin fuerzas para limarles las garras, ideó la “santa venganza”: Dimitir para poner fecha de caducidad al papado y por ende a cualquier otro cargo eclesiástico, arrastrando en su caída a todos los grandes líderes de los lobbies vaticanos, quienes automáticamente cesaron en sus puestos.

El dispositivo romano se pone en marcha para el precónclave y el cónclave. Los cardenales cansados del mangoneo y la mala imagen que la Curia proyectaba sobre toda la Iglesia (con sus intrigas, luchas de poder, cuervos, Vatileaks y mayordomos infieles) resolvieron apostar por un cardenal jesuita latinoamericano, austero, carismático, con dotes de mando y gobierno. Eligieron al arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, por una mayoría abrumadora: se habla de 90 votos sobre 115, superando los 84 de su predecesor.

Nuevamente ha colocado a los pobres como foco de atención de la Institución, y, para defenderlos ataca sin piedad a todos los poderes que atentan contra Dios. Tanto los externos como los que yacen en el seno de la Iglesia.

Francisco señala con el índice al capitalismo salvaje, a los poderes económicos y financieros que no redistribuyen la riqueza; con efectos nocivos en las crisis recientes de Estados Unidos y Europa, donde las políticas de libre mercado y las medidas de ajuste fiscal dejan a millares de personas sin trabajo o con empleos precarios en el corto plazo, y un futuro oscuro en el mediano y largo plazo.

El Papa flagela a los políticos de toda calaña y condición por utilizar sus cargos para su lucro personal, sin ponerlos al servicio del bien común. Con su vida y palabras, deja en tela de juicio a la jerarquía, que sigue viviendo en palacios y desplazándose en vehículos de alto nivel.

Con sus reformas, los reubica, empezando por el propio papado. Pasó de un modelo imperial a otro colegial. El próximo otoño jubilará a máximos jerarcas curiales, empezando por el Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, y convertirá el banco vaticano (conocido por las siglas IOR) en una banca ética. Sin acceso al dinero y sin el control del poder, la Curia volverá a ser un aparato burocrático al servicio del Papa y de las iglesias locales.

Francisco está iniciando también reformas doctrinales: cambiando la tendencia respecto a temas sensibles de moral sexual, como matrimonios gays, preservativos y relaciones prematrimoniales, sabe que no puede reconquistar a los jóvenes, si les obliga a llegar vírgenes al matrimonio o sostener relaciones sexuales siempre orientadas a la procreación.
La secularización de la sociedad avanza vertiginosamente, sobre todo en Occidente bastión de la Iglesia. El sistema de valores y la brecha generacional alcanzaron insospechadas dimensiones.

Jorge Mario Bergoglio, llegó a Roma desde los confines del mundo como un ciclón; con poco tiempo al frente de la Iglesia, ya le ha cambiado la imagen a la milenaria Institución. Francisco se ha convertido en un acreditado líder planetario y ha vuelto a dotar a la Iglesia de credibilidad, y de confianza social que había perdido.

*Diplomático, jurista y politólogo

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