Miércoles, 22 de Mayo de 2019
¡Hola!
Puedes iniciar sesión,
si no tienes cuenta crea una
publicidad

 
actualizado 17 de diciembre 2013
Litigio insular entre China y Japón
Hace más de cien años Japón ocupaba varias islitas como parte de su ofensiva contra China, debilitando todos los lugares en la costa
Por Gustavo Adolfo Vargas*
Translate

La disputa territorial por el archipiélago del mar de la China Oriental formado por islas deshabitadas (Diaoyu en chino y Senkaku en japonés), por décadas eje de polémica en las relaciones entre China y Japón intensificándose en los últimos meses, tras la compra de las islas por parte del Gobierno japonés.

Chinos y coreanos sospechan que el Gobierno de derecha del primer ministro japonés, Shinzo Abe, intenta ocultar el histórico rol de cruel ocupante que ha tenido Japón, protestando airadamente contra los llamamientos del Gobierno de Abe, a revisar la Enmienda Nº 9 de la Constitución japonesa, que les prohíbe tener un Ejército.

Según analistas, las recientes medidas de China para introducir una zona de defensa aérea sobre las islas en querella, llegan como respuesta a las agresivas maniobras militares japonesas en la zona, rica en recursos biológicos e hidrocarburos.

Datos históricos que remontan hacia el año 1403, y textos redactados por enviados imperiales de la Dinastía Ming, indican que el archipiélago pertenece a China.

Durante la Dinastía Qing, las islas fueron puestas bajo la jurisdicción del gobierno local de la provincia de Taiwán. Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, reconocen todas las islas Diaoyu como parte del territorio chino, según mapas publicados en el Siglo XVIII.

A fines del Siglo XIX, Japón derrotó a la dinastía Qing, en sus campañas expansionistas. En 1895 obligó a China a firmar el Tratado de Shimonoseki, cediendo oficialmente a Taiwán las islas circundantes, incluyendo las Diaoyu, que los japoneses rebautizaron como “Senkaku” en el año 1900.

Ulterior a la derrota y rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial, los tratados internacionales, como la Declaración de El Cairo y la Conferencia de Potsdam, exigieron legalmente restituir los territorios ocupados a la China prerrevolucionaria.

Poco después de la revolución china, en la década de 1950 y de la llegada al poder de los comunistas, Japón, respaldado por Estados Unidos, expandió su jurisdicción sobre el archipiélago, acto oficializado por el Acuerdo de Reversión de Okinawa de 1970, condenado por China y Taiwán.

Antes de la devolución del archipiélago a las autoridades niponas, en 1968, un órgano de las Naciones Unidas publicó un informe, develando importantes reservas de gas y petróleo alrededor de los islotes. Posterior a ello, China y Taiwán, reclamaron la jurisdicción territorial sobre las islas, arguyendo que pertenecen al imperio chino desde el Siglo XIV.

La declaración de defensa aérea de Pekín, vindica el derecho de identificar, monitorear y posiblemente emprender una acción militar contra cualquier avión de combate que penetre en el área. Estados Unidos respalda el derecho de Japón de mantener una zona similar; pero irónicamente, Washington rechaza las reivindicaciones defensivas de otros países.

A partir de ahí, China y Japón, están intrincados en una disputa sobre la soberanía de dichas islas, quienes consideran esenciales para sus intereses geopolíticos.

También existe un litigio sobre la delimitación de la Zona Económica Exclusiva, una franja marítima de 200 millas marinas, donde ambos tienen derechos especiales de explotación y de uso de recursos (gas, petróleo y pesca). Es un enorme potencial económico para dos superpotencias ávidas de recursos, convirtiéndose en un catalizador de los grupos más nacionalistas en ambas orillas.

Finalmente, el choque entre los dos países por la cuestión de las Diaoyu-Senkaku debe interpretarse en su dimensión regional. No solamente son un elemento central e irrenunciable de la soberanía de estos países, sino que son especialmente relevantes para los intereses geopolíticos de los Estados Unidos en la región de Asia Pacífico.

Pero la verdad es que China y Japón, como segunda y tercera economías mundiales, respectivamente, tienen demasiado que perder, como para permitir que este conflicto se convierta en una confrontación militar, ojalá otros puedan evitar ese escenario.

Los tiempos cambian y hace más de cien años Japón ocupaba varias islitas como parte de su ofensiva contra China, debilitando todos los lugares en la costa. Ahora China con su emergente poderío las reclama y Estados Unidos aprovecha el conflicto para intervenir militarmente.

*Diplomático, jurista y politólogo.

Comentarios
El diario La Jornada insta a los lectores a dejar sus comentarios o quejas al respecto del tema que se aborda en esta página, siempre guardando un margen de respeto a los demás. También instamos a reportar las notas que no sigan las normas de conducta establecidas. Donde está el comentario, clic en Flag si siente que se le irrespetó.
 
©2012 La Jornada. Una empresa del grupo Arévalo-Garméndez. All Rights Reserved.