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actualizado 29 de enero 2013
El imperialismo del dólar
Casi dos terceras partes de las reservas de los bancos centrales del mundo están dispuestas en dólares, pese al temor de que se produzca un masivo éxodo de la divisa
Por Gustavo Adolfo Vargas
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En el tinglado del sistema capitalista globalizado, la moneda estadounidense cumple el rol de reserva mundial, respalda a la mayoría de monedas, interviene en la mayor parte de las transacciones comerciales y operaciones financieras y funge como medio internacional de pago.

En este contexto, su caída significaría el fin del patrón dólar, originando la mundialización de la crisis en la que ningún Estado capitalista sobreviviría. Sucumbiendo Estados Unidos y su dólar, estallaría la economía y el sistema capitalista a escala planetaria.

Según analistas internacionales, las principales razones por las cuales ninguna potencia (central o emergente) no podría desarticularse del actual modelo funcional del sistema capitalista, cimentado en torno al dólar como patrón y de la hegemonía de Estados Unidos como primer potencia imperial: es la moneda de cambio y los países de todos los continentes la utilizan en sus transacciones comerciales y tienen la mayoría de sus reservas en dólares, por lo que el fin de esta divisa implicaría un derrumbe mundial.

Más del 70% de las reservas globales son en dólares, frente a un 25% en euros de la Unión Europea, que también utiliza el dólar. Según el Banco Mundial y el FMI, China, la tercera economía mundial, tras Estados Unidos y la Unión Europea, tiene sus reservas en dólares.

El dólar está inmerso en el 86% de los US$3,2 billones (millones de millones) de transacciones diarias de divisas en el mundo, como escalón intermedio en el intercambio de otras dos divisas, según el Banco Internacional de Pagos (el banco central de los bancos centrales). Aunque ello constituye un descenso en relación al 90% que representaba en 2001, hasta la fecha, ninguna divisa se le aproxima.

Casi dos terceras partes de las reservas de los bancos centrales del mundo están dispuestas en dólares, pese al temor de que se produzca un masivo éxodo de la divisa. El Banco Internacional de Pagos, estima que el dólar continúa siendo “la moneda favorita de los bancos centrales” y representa un 55% de sus activos-pasivos en moneda extranjera.

Según el Banco Mundial y el Departamento de Comercio estadounidense, un 80% de las transacciones internacionales, un 70% de las importaciones mundiales y casi la totalidad del comercio petrolero se transan en dólares.

El sistema financiero especulativo internacional está “dolarizado”, y las bolsas y mercados internacionales del dinero operan mayoritariamente con la divisa estadounidense a través de acciones y bonos dispersos a escala global por los grandes bancos y fondos de inversión con su base operativa en Wall Street.

La Bolsa de Nueva York, es el más importante mercado de dinero mundial y concentra el mayor volumen de operaciones financieras que realizan las principales empresas trasnacionales de los Estados Unidos y del mundo, cotizantes a nivel global, si colapsara el dólar como divisa, detonaría Wall Street arrastrando consigo a todos estos mercados del dinero.

De acuerdo con el Banco Mundial, los países emergentes y las potencias económicas desarrolladas generan más del 75% del PBI global en dólares (el resto se produce en euros y otras monedas). Para los países con fuerte dependencia de las exportaciones de materias primas como el petróleo, las cifras pueden ser más altas. El dólar está hondamente arraigado en el comercio mundial. Las empresas reducen costos de transacción, usándolo como divisa común.

Empresas y grupos financieros transnacionales que controlan los sistemas financieros especulativos y sistemas económicos productivos a proporción mundial (por encima de los gobiernos), mayoritariamente realizan volúmenes de negocios, inversiones y tomas de ganancias en dólares, por lo cual su colapso extremo a como auguran los partidarios de la teoría del “desacople”, paralizaría la actividad económica mundial en tan sólo horas.

Definitivamente, para deshacer esta trama del “El imperialismo del dólar”, habría que reformular y rediseñar un nuevo orden económico y financiero internacional y convencer a Estados Unidos de que se olvide de su arsenal militar-nuclear, de sus siete flotas atómicas y de sus casi mil bases militares distribuidas por todo el planeta y renuncie “pacíficamente” a su papel de potencia hegemónica del sistema capitalista.

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