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actualizado 5 de febrero 2013
DAVOS 2013: Búsqueda de un nuevo modelo
Se necesita un nuevo arquetipo que contemple la variación de las reglas del juego
Por Gustavo Adolfo Vargas
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Aún con las huellas que les dejó la peor crisis financiera nunca vivida desde la Gran Depresión y su preexistente arrogancia, los banqueros, inversores y políticos que convergieron en Davos, Suiza, recibieron con prudente beneplácito los signos de recuperación que denotaba la economía mundial y de resistencia de la región del euro.

Los mercados financieros han ganado terreno, parte de ello se debe en gran medida a la expansión monetaria de los bancos centrales del mundo. Se prevé la persistencia de la débil economía global en 2013, y la recesión de dos bloques importantes (eurozona y Japón).

En la posguerra dominó el keynesianismo y a partir de la década de los años 80, el modelo neoliberal en cuya visión que desplazó a dicha teoría económica de su contexto, estaba un programa de privatizaciones, liberalización comercial y desregulación ungida a inicios de los 90 en el famoso Consenso de Washington.

La caída del Lehman Brothers y la debacle financiera de 2008 horadaron este enfoque hegemónico de la economía, pero a más de cuatro años de la crisis, el mundo sigue a la búsqueda de un nuevo modelo, y es probable que en la cumbre de Davos 2013, tampoco hubo respuesta.

Este dogma tuvo como resultado la financiación de la economía basada en una explosión de lo que en inglés se denomina con la sigla FIRE (Financiamiento, Seguros y Sector Inmobiliario) que ha crecido proporcionalmente al Producto Interno Bruto (PIB) y en detrimento de la economía productiva. La hegemonía del sector financiero sigue siendo la misma que antes de la caída del Lehman Brothers y en tanto esta no se modifique, resulta difícil hablar de un nuevo modelo.

Las grandes corporaciones tienen ramas financieras que frecuentemente generan más ganancias que lo que las empresas producen y venden. General Motors es un caso simbólico, entre otras actividades invirtió en el mercado hipotecario.

La progresiva importancia del sector financiero origina el desplazamiento del productivo. En vez de invertir en la producción, se hace en productos financieros que ofrecen ganancias cortoplacistas. El coste de esta creciente hegemonía del sector financiero se traduce en una gigantesca acumulación de deuda personal, municipal, nacional y corporativa.

El McKinsey Global Institute, en un estudio global mostró que en 2011, la deuda total de Japón (la más grande del mundo desarrollado) equivalía a un 512% de su PIB (más de cinco veces del total producido por su economía anual). En segundo lugar Reino Unido con un 507%. Estados Unidos registró un 279%.

Actualmente se advierten políticas dispersas y una búsqueda de medidas que definan un programa de recuperación, la tendencia histórica es el péndulo: el keynesianismo de los años 30 apareció luego del laissez faire ultraliberal dominante desde el Siglo XIX, el cual se impuso en los 70 con la crisis del sistema de planificación estatal de la economía.

Si antes de la caída del Lehman Brothers la deuda se centraba en el sistema financiero privado, ahora se ha trasladado nuevamente al Estado, sea por vía de la deuda soberana o la deuda que están contrayendo los bancos centrales con sus programas de rescates de bancos y su emisión de dinero electrónico, conocida como “aceleración cuantitativa” (quantitative easing).

Los bancos centrales se están endeudando peligrosamente para rescatar al sector financiero. Mientras este persiga sus fines de ganancia a corto plazo y no financie el sector productivo no podrán salir de esta crisis.

Todo apunta a que la crisis se reeditará porque el modelo que produjo la caída de Lehman Brothers no ha cambiado. Lo que se necesita es un nuevo arquetipo que contemple la variación de las reglas del juego, tanto en el tema de la propiedad de los bancos como en el de su funcionamiento y la crisis laboral.

En el Foro Económico Mundial, la lista de invitados a Davos incluyó a más de 50 presidentes y primeros ministros, un pequeño grupo de miembros de la realeza europea, y más de 1.000 directivos de las mayores compañías del planeta, además de figuras académicas, de las artes, medios de comunicación y espectáculo.

Pese a la envergadura de la cumbre pomposamente autodefinida, se basa ciertamente en la exclusión: los resultados fueron diminutos, tan selectos grupos de invitados no se pusieron de acuerdo sobre el origen y las consecuencias de la crisis mundial y las medidas, para que las economías, los gobiernos y las empresas tomen decisivamente el camino de la recuperación.

*Diplomático, jurista, y politólogo.

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