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actualizado 16 de Julio 2013
Cuando la ciudadanía se mueve, algo empieza
La ciudadanía de muchos países sabe ya que necesita democracia de verdad (no un decorado)
Por Xavier Caño Tamayo
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Túnez, Egipto, Brasil, Turquía, Bulgaria... La gente común se moviliza. En el Reino de España, tan paradigmático de esta crisis-saqueo, la monarquía bipartidista hace aguas, como indican todas las encuestas. La ciudadanía contra la política tramposa de conciliábulos y minorías privilegiadas.

En Europa, no se ha revertido la austeridad. Por ahora. Ni hay una correlación de fuerzas favorable a la ciudadanía. Los socialdemócratas se han rendido ante el neoliberalismo hace tiempo. El panorama no permite esperar una solución por la vía electoral. No en esta situación ni con estas condiciones. No resultó en Francia, donde el vencedor socialdemócrata Hollande se ha plegado a las exigencias predadoras de la Troika, al servicio del poder financiero.

En Túnez empezó todo en diciembre de 2010. La primera revuelta democrática del mundo árabe, la primera caída de una dictadura por sublevación popular. Semanas después, se hundían las dictaduras de Egipto, Libia, Yemen y Siria. Luego fue el 15-M, Occupy Wall Street...

Pero hoy, en Egipto, los militares anularon la Constitución y han causado una masacre en una concentración de los Hermanos Musulmanes frente al cuartel de la Guardia Republicana. Dos años después de la caída del dictador Mubarak, vuelta a empezar. Las fuerzas laicas por una democracia igualitaria y abierta se oponen en las calles de Túnez y El Cairo a los islamistas. Según Sami Naïr, porque la religión no tiene respuesta para los desafíos de la sociedad árabe y los islamistas son tan neoliberales y autoritarios como los dictadores depuestos.

En Turquía, empezaron protestas en mayo en Estambul, cuando una cincuentena de ecologistas se manifestaron para salvar el Parque Taksim, que iba a ser derruido y en su solar edificado un gran centro comercial. Tras ser violentamente reprimidos por la policía, las redes sociales de Internet extendieron la protesta hasta conformar un movimiento social antigubernamental en varias ciudades. La ciudadanía turca ha ocupado calles y plazas contra el recorte de derechos humanos, contra las restricciones de libertad de expresión, contra las limitaciones en Internet, contra la violación del derecho a reunirse, contra las multas cuantiosas a opositores, contra la islamización de la enseñanza y del país, contra la prohibición del aborto, contra la represión de gays, lesbianas y transexuales...

En Bulgaria las protestas provocaron la caída del anterior gobierno. En julio, con otro gobierno, miles de personas salieron a la calle contra el nombramiento como responsable del servicio de inteligencia de un diputado con vínculos empresariales. El Parlamento revocó el nombramiento. “No estamos por dinero. Es una protesta moral. Por los valores democráticos, por nuestro futuro. Estamos cansados de mentiras y de acuerdos bajo mano”, explicó la escritora Milena Fuchedzhieva.

En la muy castigada Grecia, se colgó una bandera nacional en la reja de la sede de la radio y televisión griegas. “Despertad”, escribió alguien. “No os quedéis sin hacer nada. Lo están vendiendo todo”. Miles de personas salieron a la calle al conocerse que el Gobierno cerraba la emisora pública por decreto. Fue la mecha que reavivó la indignación de la ciudadanía griega.

Y en Brasil, una multitudinaria protesta en Sao Paulo contra el aumento del precio del billete de autobús, se extendió a todo el país, incluido Río. Los billetes de autobús se rebajaron, pero siguen las manifestaciones y las demandas ciudadanas son cada vez más amplias. “El país está cansado de corrupción, de privilegios de políticos, del desorden en educación y salud. Hemos de cambiar el país entero, no sólo el billete de ómnibus”, explicó un manifestante. También clamaban contra el Mundial de Fútbol 2014 en Brasil, pues lo consideran un despilfarro en un país con graves problemas de educación y salud. Todo suena a muy conocido.

¿Es una movilización ciudadana global? No sé, pero algo se mueve. La ciudadanía de muchos países sabe ya que necesita democracia de verdad (no un decorado), el fin de la corrupción y mejor distribución de riqueza. Es hora de elaborar programas mínimos de acuerdo, de hacer política y empezar a arriesgar. Para cambiarlo todo.

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