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actualizado 3 de Junio 2013
A toda pastilla
La crisis económica que sufrimos también puede paliarse con alguna pastilla
Por Antonio Saugar
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Estar más delgado, ser más musculoso, evitar la caída del cabello, eludir los efectos del estrés cuesta un gran esfuerzo físico y monetario. ¿Se imaginan que con una sola pastilla pudiéramos lograr que nuestro cuerpo rozase las medidas del canon de belleza de la Grecia clásica, o mitigar los nervios producidos por la ansiedad del trabajo o los estudios? Como no parece posible, el consumo de pastillas y píldoras para todo está a la orden del día.

Permanecer siempre jóvenes ha sido uno de los anhelos de los seres humanos a lo largo de la Historia. La búsqueda del elixir de la eterna juventud se convirtió en pastilla hace unos años gracias a un grupo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en España. Presentaron una nueva pastilla de resveratrol, sustancia antioxidante de la uva que ayuda a que las células vivan más tiempo, y que tendría los beneficios de comer 45 kilos de una o 45 botellas de vino.

Los efectos de estas cápsulas rojas, llamadas Rividox, se han descubierto al tratar de mejorar la calidad de las frutas. Se aplicó luz ultravioleta a las uvas, lo que incrementó hasta 2.000 veces los beneficios del resveratrol. Esta sustancia estimula la acción de unas proteínas relacionadas con la supervivencia celular.

Los investigadores que han realizado este descubrimiento afirman que prolongar la vida celular repercute en tener una piel más joven y, lo que es más importante, en la regeneración de todos los órganos, incluyendo cerebro, sistema cardiovascular o el hígado. Además, se comercializa como un complemento alimenticio natural y no como medicamento. Cada una de estas pastillas tiene un precio superior a un euro, y se venden en cajas de 30 comprimidos. Hay que tomar una pastilla cada día, durante toda la vida.

“Alli”, primer fármaco antiobesidad, no necesita receta médica. Comercializado en botes de 42 o 48 cápsulas, el bolsillo también adelgazará al mismo tiempo que las personas que las consuman, ya que el precio ronda los 55 euros para el tratamiento de un mes, teniendo que tomar tres píldoras al día (una en cada comida). Quien quiera sacar el máximo rendimiento a estas pastillas deberá seguir una dieta baja en grasas y hacer ejercicio físico. Con o sin pastilla, para adelgazar hay que sudar la camiseta.

La crisis económica que sufrimos también puede paliarse con alguna pastilla. Al menos eso se desprende de los datos que señalan que la crisis provoca un importante aumento en el consumo de ansiolíticos,. Curar la ansiedad de los españoles cuesta 231 millones de euros. Las estadísticas dicen que el 15,5 por ciento de los españoles consume tranquilizantes. Según la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, Francia lidera el consumo de estos medicamentos, seguida de España, Italia y Bélgica.

Para ponerse las pilas también hay pastillas. El 13% de los españoles dice tomar vitaminas y suplementos dietéticos para ayudar al sistema inmunológico, por seguir una dieta equilibrada o por prescripción facultativa, según un estudio realizado por The Nillsen Company. En otros países, el consumo de este tipo de sustancias es mayor.

En nuestro televisor podemos ver innumerables anuncios que explican los efectos beneficiosos de pastillas que levantan el ánimo de quienes las toman, mejoran su estado de ánimo, su memoria, etc.; todo para enfrentarse a una dura jornada laboral.

El insomnio es otro de los problemas que llevan al consumo de pastillas. Un buen número de personas logra conciliar el sueño gracias a los somníferos, las pastillas estrella en los botiquines de muchos domicilios.

Lo mismo se puede decir de los fármacos contra el colesterol, que se encuentran entre los más recetados. Qué decir de la famosa píldora azul: la Viagra, con la que se trata de aumentar la potencia sexual de quienes la consumen.

Adelgazar, ganar músculo, dormir, aparentar menos edad, salir de la crisis... Parece que la sociedad actual se basa en el consumo de pastillas de colores variados para poder solucionar sus problemas. Quizá llevar una vida más sana, con dietas equilibradas, práctica deportiva y ejercicios de relajación que saquen a la población de esa vorágine que día a día mina su salud sea la receta mágica que permita abandonar el consumo de tanta píldora y pastilla.

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