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actualizado 20 de marzo 2013
Brasil: un país de dramáticos contrastes
América Latina ha ganado autonomía distanciándose de la potencia del norte, y sus lazos con China han pasado a ser determinantes
Por Gustavo Adolfo Vargas
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Brasil vive tiempos de una nueva clase media, con la inclusión de millones de personas al mercado o la sociedad consumista, movimiento originado en tiempos de Fernando Henrique Cardoso, con la estabilidad económica obtenida, su continua expansión se dio durante la presidencia de Lula da Silva (2003-2010), consolidándose con Dilma Rousseff.

El bajo crecimiento del 1% de la economía en 2012 y el lento retomar observado a inicios de 2013 no impiden que esa nueva clase media siga consumiendo. Tal transformación es ostensible, comenzando por los aeropuertos; según cálculos, en 10 años unos 15 millones de brasileños viajaron por primera vez en avión.

Es el país más grande de América del Sur, con aproximadamente 195 millones de habitantes, existen 260 millones de teléfonos móviles. Lula impulsó el cambio que ahora Rousseff refuerza y amplía, incorporando los programas sociales presentados por Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), vigorizándolos y dándoles prioridad en su gobierno.

No obstante, persisten otros rubros que ensombrecen ese escenario, los puertos y aeropuertos carecen de estructura y proyectos modernos de carreteras, etc. La salud pública es caótica, los hospitales adolecen de médicos, medicinas e instrumental, a esto se suma la falta de higiene, por ello la nueva clase media paga altos precios de planes privados de atención médica. Tampoco tiene acceso a una educación de calidad y confunde derecho al consumo, con sus derechos ciudadanos.

La reforma agraria es un mítico legado de su antecesor: las áreas repartidas entre campesinos sin tierra, se transforman en inmensas favelas rurales, barriadas de miseria improductiva. En dos años de presidencia de Rousseff, se asentaron más de 45 mil familias campesinas. El Movimiento de los Sin Tierra (MST), estima que en 2012, se asentaron casi 10 mil familias. En los dos primeros años de la presidencia de Lula, fueron beneficiadas 117 mil 500 familias.

Frente a la falta de apoyo, incentivos y perspectivas, más del 50% abandona o vende la tierra recibida, migrando a centros urbanos. Brasil ha sido un país de contrastes, a lo largo de 10 años las brechas sociales se estrecharon a inclusión de millones y millones de brasileños en el mercado.

Los bancos se quejan de la morosidad para justificar los altos intereses que piden para conceder préstamos, la tasa media de financiación es de 5.4% al mes (65% al año). Los datos oficiales indican que la morosidad media es de 7.8% del total de préstamos. La ampliación del crédito para inmuebles registra una morosidad del 2% del total y para automóviles es de 8%.

El sistema bancario brasileño uno de los que más ganancias genera, enfrenta un problema peculiar: en siete años, entre 2005 y 2012, sumó 42 millones y 500 mil nuevos clientes. La clase media abrió cuentas corrientes en los bancos del país; no hay registros de algo parecido en alguna otra parte del mundo.

Expresan analistas que ese fenómeno es parte de otro: de la enorme ampliación del mercado de trabajo formal en Brasil; se calcula que existe más de 50 millones de empleados, con derechos laborales y acceso a crédito.

Con todo, estos son los mejores tiempos de Brasil, se ha convertido en indiscutible líder de América Latina y jugador clave a nivel global, su economía fue de las primeras en recuperarse con fuerza de la reciente crisis financiera, manteniendo desde entonces un impresionante crecimiento.

Brasil se enfrenta a una compleja agenda y en ciertos aspectos abrumadores, habrá que esperar que la presidenta Dilma Rousseff pueda lograr dentro de su actual mandato. Empero, es importante que el gobierno comience resueltamente seleccionando algunas “victorias rápidas” para ganar credibilidad entre los brasileños y en los mercados globales.

A largo plazo, encara una serie de retos de reforma fiscal; abordarlos con éxito permitiría al país generar los ahorros necesarios para cumplir con las crecientes necesidades de inversiones públicas.

Expandir la infraestructura productiva (carreteras, puertos y aeropuertos), para suprimir graves obstáculos a un crecimiento no inflacionario rápido, un nivel de futuras inversiones en exploración de petróleo, generación eléctrica y los eventos deportivos internacionales (la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos) de los que el país será anfitrión en los próximos años.

América Latina ha ganado autonomía distanciándose de la potencia del norte, y sus lazos con China han pasado a ser determinantes, mientras que el nuevo Brasil de Lula y Rousseff se comporta ya como una potencia global.

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