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actualizado 7 de Mayo 2013
Herejías del catolicismo actual
La palabra “herejía” no es simplemente la negación de una verdad de fe
Por J. C. Gª Fajardo
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“La Iglesia necesita de modo muy peculiar la ayuda de quienes viven en el mundo, sean o no creyentes… Más aún: confiesa que le han sido de mucho provecho la oposición y hasta la persecución de sus contrarios”. Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 44).

La palabra “herejía” no es simplemente la negación de una verdad de fe, sino que puede significar diversidad de opiniones y, en este sentido, es positiva. Pero puede aludir también a un desenfoque inconsciente en la comprensión de una proposición que, a la larga, acabaría desfigurándola. Es en este sentido de herejía “latente” como es usada en este ameno y esclarecedor libro: porque esos desenfoques inconcientes pueden cosificarse con el paso del tiempo y la acumulación del polvo de la historia, llegando a desfigurar el cristianismo.

Esta obra del sabio jesuita González Faus, escrita en la madurez de sus 80 años, analiza diez de esos virus ocultos (en la concepción de la encarnación y la explicación de la cruz, en el sentido de la eucaristía, en el tema de los pobres y de los ricos, la papolatría o el apego a formas culturales anacrónicas y carentes de significado en nuestros días). No se trata de denuncias ni de acusaciones sino de demostrar comprensivamente cómo en el transcurso del tiempo, esos temas han sufrido erosiones y desvíos de comprensión que pueden acabar convirtiéndolas en auténticas deformaciones de la fe cristiana.

Con su aquilatada formación y la experiencia de una vida entregada al servicio de los demás y al estudio, José Ignacio Glez. Faus intenta formular un pequeño tratado sobre la identidad cristiana, en negativo, que el autor quisiera reformular más adelante en positivo. Sobre todo para que los cristianos católicos comprendan mejor su opción religiosa y no se queden en la “fe del carbonero”, que nunca he sabido bien qué significa, salvo pereza, miedo, desidia y opio para sentirse mejor y seguir adelante. Y también para las personas que se lanzan a denostar, a desacreditar cualquier tradición religiosa sin molestarse en conocer sus fuentes, su evolución y sus interpretaciones a lo largo de la historia. Si los apologistas y seguidores excluyentes producen fastidio, los descalificadores sin formación ni respeto por el fenómeno religioso, ahogan toda posibilidad de diálogo.

“Y llegaré de noche/ con el gozoso espanto/ de ver/ por fin/ que anduve/ día a día/ sobre la misma palma de tu mano”, Pedro Casaldáliga.

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