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actualizado 17 de octubre 2013
Vivienda compartida
España es uno de los países donde ha tenido mayor difusión en los últimos años la convivencia entre ancianos y jóvenes
Por Gisel Ducatenzelier
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Con la vejez se suele producir una pérdida de autoestima, aumenta la sensación de soledad e incertidumbre y se sufren los efectos de una sociedad que margina a sus mayores. El programa de Vivienda Compartida entre personas mayores y estudiantes ha unido ya a más de 400 parejas en España. Se trata de una idea sencilla, que beneficia a ambas partes y que ha ayudado a combatir la soledad de muchos de nuestros ancianos.

“Para mí es como tener una nieta adoptiva. Charlamos, comentamos la actualidad, leemos… una persona joven en casa te rejuvenece y te aporta cariño, entusiasmo, comprensión”. Carmen García vive sola y se siente insegura por las noches porque, aunque su estado de salud es bueno, “la edad no perdona”. Patricia es una estudiante colombiana que viajó a España para cursar el doctorado en Comunicación Social. Uno de los problemas que se encontró a su llegada fue el precio de la vivienda. Patricia y Carmen entraron en contacto a través de la ONG Solidarios para el Desarrollo. Se conocieron, se cayeron bien y ya llevan más de un año participando en el programa de Vivienda Compartida entre personas mayores y estudiantes.

La idea es sencilla. Un anciano ofrece una habitación de su casa de manera gratuita a un estudiante. A cambio, éste le proporciona compañía y seguridad. Ambos se benefician en un programa de convivencia y solidaridad en el que estudiante y anciano se convierten en refugio el uno para el otro.

Para evitar problemas, las funciones de ambas partes quedan claras desde el principio. Hay unas reglas para que la casa no se convierta en una pensión ni el estudiante en un asistente doméstico. Se trata de convivir, de ver juntos la tele, de dar un paseo del brazo. Los temas de conflicto suelen tener que ver con los horarios, las vacaciones, el desorden, los gastos o la exigencia de más tareas al joven de las pactadas. Si la selección es rigurosa se evitan muchas de estas circunstancias.

Es fundamental el proceso previo para conocer a una y otra parte. Por ejemplo, “cuando una anciana pide muchas horas al día de acompañamiento buscamos un estudiante de oposiciones”, cuentan los responsables del programa en Solidarios. Para asegurar que todo funcione lo mejor posible se tienen en cuenta muchos factores y se mantiene un seguimiento permanente durante su desarrollo.

España es uno de los países donde ha tenido mayor difusión en los últimos años la convivencia entre ancianos y jóvenes. El programa de Madrid, con más de 150 parejas, es el más grande de Europa, seguido por los de Londres, Berlín y Barcelona. Homeshare International, organización que agrupa varios de estos programas en el mundo tiene constancia de que se desarrollan fórmulas de convivencia similares en Estados Unidos, Canadá, Austria, República Checa y Australia.

Recomendaciones del Parlamento Europeo sugieren a todos los países de la Unión que fomenten espacios de encuentro intergeneracional. Las personas mayores reciben la alegría y la vitalidad de los jóvenes. Los estudiantes se enriquecen con el sentido común y la experiencia de los ancianos. Con el programa de Vivienda Compartida se ha demostrado cómo con pocos recursos pero con una inteligente idea llevada a cabo con precaución y sentido común se pueden alcanzar objetivos sociales tan importantes como combatir la soledad que sufren muchos de nuestros mayores.

“Carmen me agradece la compañía, pero el caso es que soy yo la que me siento agradecida. Es mi abuelita adoptiva: me aconseja, me cuida… Nos ayudamos mutuamente”, cuenta Patricia. “Yo me siento como en casa”.

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