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actualizado 31 de octubre 2013
Junkies del músculo
Correr a lo Forrest Gump también se ha puesto de moda
Por Carlos Miguélez Monroy
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Existen diversas causas para la vigorexia, una adicción al “ejercicio por el ejercicio” que muchas personas confunden con “deporte”. Entre ellas están las humillaciones en la infancia y juventud, la falta de armonía de la familia, el perfeccionismo y la tensión. Como ocurre con la anorexia y la bulimia, la vigorexia se produce por una imagen distorsionada de uno mismo. La persona se ven pequeña y enclenque en el espejo.

También influyen la publicidad y los medios que publicitan los cuerpos de David Beckham, Rafa Nadal, Fernando Verdasco o Brad Pitt como si fueran el común denominador cuando dedican gran parte de su vida a la imagen, además de contar con el favor de un buen Photoshop.

La sociedad de la imagen vinculada al triunfo y a la búsqueda de resultados rápidos produce comportamientos compulsivos en el ejercicio. Esto se ha manifestado en el boom de los gimnasios y en modas como el spinning, que consiste en una serie de ejercicios en una bicicleta estática a un ritmo elevado. Al cabo de 45 minutos, lo que dura en promedio una clase, hay personas que parecen sacadas de una piscina, pero empapadas de sudor. La mayor parte de la gente se apuntaba porque se decía que era la forma más rápida para quemar grasa. Las salas se abarrotaban con hombres y mujeres de todas las edades y de distintas complexiones, lo que desembocaba muchas veces en bajadas de tensión e incluso en desmayos. Pero los instructores no lo desaconsejaban porque el gimnasio no dejaba de cobrar y porque era “responsabilidad de cada uno” decidir lo que hacía con su cuerpo.

Ahora está de moda el Cross Fit, que desarrolló el estadounidense Greg Glassman para entrenar a policías y, más tarde, por sus resultados, a bomberos y militares norteamericanos. De ahí saltó a los gimnasios esta serie de ejercicios anaeróbicos de gran intensidad, con muchas repeticiones y poco tiempo de descanso. Este “deporte”, diseñado para personas con un alto nivel de forma física y con una musculatura determinada, puede suponer un riesgo para la salud de muchas personas que quieran “ponerse fuertes” de la noche a la mañana, sin haber tenido hábito de hacer deporte en su infancia y juventud.

Correr a lo Forrest Gump también se ha puesto de moda. Muchos domingos se corta el tránsito en las principales calles de Madrid porque se celebra alguna carrera de 10 km. Por algo bancos y grandes empresas invierten dinero en patrocinar estos eventos. Consiguen que su marca se asocie al deporte. Hay personas fuera de forma que, en una noche de copas, apuestan con un amigo en el mismo estado etílico a que terminarán una maratón en los próximos meses. Así, sin preparación se lanza a la aventura, teléfono celular en mano para hacer fotos del recorrido y colgarlo en su blog, su Facebook o su Twitter. Hoy cualquiera se cree runner, no corredor, porque queda más chic la palabra anglosajona. Se sorprenden luego cuando llegan las tendinitis y los problemas musculares.

Se empieza a normalizar este culto al cuerpo llevado al extremo, con personas que siguen hasta la exageración el número de abdominales, flexiones y repeticiones de ejercicios que realizan de forma compulsiva, muchas veces acompañados de sustancias “para quemar grasa más rápido”, “para aumentar el volumen”, “para definir más los músculos”. Una fotografía común en los baños de los gimnasios consiste en personas que mezclan polvitos de un bote en un termo de agua.

No todas las personas tienen la carga genética para tener determinados tipo de cuerpo. Sin embargo, la mejora en los hábitos de comida y de actividad física puede contribuir a que cada persona, con sus particularidades, tenga un aspecto saludable y armónico. La salud entendida como un estado general de bienestar comienza por la aceptación de uno mismo y el cuidado de nuestro cuerpo, nuestro primer hogar.

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