Las instituciones del desarrollo (Parte I)
¿Por qué el mismo individuo cumple las normas en un lugar y en otro no? ¿qué lo hace ser más cívico en EE UU que en su propio país?
Por Ignacio Pareja Amador
Seguramente estimado lector alguna vez se ha preguntado, cuál es el factor que permite que ciertos países sobresalgan en cuanto a sus niveles de desarrollo; qué los hace distintos; por qué en algunos lugares las cosas sí funcionan y en otros no. Por qué los buenos deseos de una nación no se convierten en mejores condiciones de vida. Qué pasa en el proceso, por ejemplo, de una política pública, para que ésta termine como sus antecesoras, en el archivo de los fracasos.

Por qué la democracia no genera en automático desarrollo económico, si ese fue el gran discurso con el que cerramos el siglo pasado. Qué obstruye que países con amplios recursos (humanos y materiales) y gran potencial no vean la luz al final del túnel, no vean resultados que convenzan realmente a sus ciudadanos.

Seguramente la respuesta a estos cuestionamientos es demasiado compleja para ser abordada desde esta humilde columna, pues los bajos niveles de desarrollo, la desigualdad y la pobreza bien pueden considerarse “wicked-problems” problemas cuyos orígenes responden a variables multifactoriales, cuyas conexiones son altamente interdependientes, lo que las hace difíciles de descifrar y definir, y por tanto casi imposible de resolver.

Sin embargo, si nos aventuramos a interpretar estos problemas desde una perspectiva de segundo grado, como sugería el filósofo francés Edgar Morin o desde un panorama de “Ojo de ave “ como propone el académico Evan Berman, podríamos decir que la respuesta a los grandes cuestionamientos de los países en desarrollo están en las instituciones que gobiernan su política, economía, sociedad y cultura.

Una institución es una organización que funciona a través del tiempo con valores que perduran entre aquellos que reconocen su autoridad. En este sentido, una institución está por encima de los intereses de los individuos que viven bajo su tutela.

Una manifestación de este tipo de instituciones es el estado de derecho, que en los países en desarrollo se utiliza solo para adornar los discursos políticos, pero que no se aplica como un valor común de la población. Nadie por encima de la ley es una definición que en los países desarrollados es altamente entendida por los ciudadanos, mencionarla en algún discurso público no tendría ningún valor, sería redundante.

Sin embargo, esta institución, por sencilla que parezca, brinda amplias explicaciones sobre por qué en ciertos países sí se respetan las reglas y en otros no, por qué en el mundo hay sociedades más igualitarias que otras, por qué hay ciudadanos educados y personas que creen que la ciudadanía es solo una cuestión de estatus electoral o migratorio.

Por poner un ejemplo sencillo, es de conocimiento público que cuando un mexicano cruza la frontera hacia EE UU, es más probable que este individuo respete las señales de tránsito, no toque el teléfono celular mientras conduce, use el cinturón de seguridad, se asegure de pagar por adelantado el parquímetro y cumpla con todas las reglas que la civilidad de aquel territorio demanda.

Cuando ese individuo vuelve a México, pareciera que el aire que respira lo hace distinto, pues éste sortea los amarillos del semáforo, rebasa los limites de velocidad, no se molesta por ponerse el cinturón de seguridad y contesta sin cuidado el teléfono celular, incluso para mandar mensajes de texto.

¿Por qué el mismo individuo cumple las normas en un lugar y en otro no? ¿qué lo hace ser más cívico en EE UU que en su propio país? Una respuesta inmediata nos diría que “allá las multas son más caras y no hay manera de zafarse de ellas si se comete una infracción” en otras palabras, el individuo reacciona a las condiciones del contexto, donde la ley se cumple, el individuo se alinea a la norma, donde hay posibilidad de “saltarse la ley”, el individuo se confía y la infringe, esto es, cree que gobierna a la ley, que está por encima de ella.

En un país donde es de conocimiento público que “el que no tranza no avanza” y que el “poder se hizo para ejercerse” es difícil implementar una institución social tan poderosa como el estado de derecho, más allá del eterno y desgasto discurso político que cada vez convence menos, pero que se usa más.

El estado de derecho es una institución social que explica el gran éxito que han alcanzado países multiculturales como Australia o Singapur, ya que le brinda estabilidad al sistema social, siendo que los inmigrantes respetan las reglas, como lo hacen los locales, de manera que es más sencilla su adaptación, con lo cual se fortalece la riqueza cultural del país y se aprovechan los talentos de estos individuos…

Twitter: @Nacho_Amador




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