FAO pone como prioridad a Venezuela, Centroamérica y Argentina

0

BOGOTÁ — De acuerdo con un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), 42,8 millones de personas padecen de hambre en Latinoamérica y el Caribe, siendo Venezuela uno de los casos más preocupantes en la región.

Junto a la nación sudamericana están los países de Centroamérica y otros – anteriormente estables – como Argentina, pero que actualmente tienen una situación económica muy vulnerable, donde además se ve el incremento del hambre.

Según cifras de la FAO, en Venezuela, la subalimentación pasó de 6,4% en 2012-2014, a 21,2% en los dos años siguiente 2016-2018.

En 2018, la población afectada fue de 6,8 millones de venezolanos; es decir, de cada 10 personas 2,2 tienen hambre.

El hambre aumentó un 21,2% desde el 2013 hasta el año pasado. Ese periodo coincide con el comienzo del mandato del presidente en disputa, Nicolás Maduro.

Al respecto, Maya Takagi, líder regional de programas de la oficina de la FAO para América Latina y el Caribe, dijo a la Voz de América que el incremento del hambre en la región es importante en términos del impacto que tiene en el mundo porque, “de hecho, en relación anterior, hubo una estabilización en términos globales (…) El impacto de la región claro… fue principalmente en Suramérica”.

Las causas del hambre en la región, dice la vocera de la FAO, están asociadas en años recientes con la desaceleración económica, asociada con la caída de precios de los productos básicos, y las caídas del PIB.

“Es una región bastante dependiente de la exportación de productos agrícolas y un impacto externo, en términos de los precios, provoca un impacto en las cuentas nacionales de los países en términos de desaceleración económica”, explica.

En el caso de Venezuela, dice que ha sufrido el mismo impacto, pero con altísimas tasas de inflación, lo que deterioró la posibilidad de las familias para acceder a los alimentos.

“Una dependencia muy fuerte de importaciones y una inflación altísima, esto fue el impacto que tuvo este escenario económico en el país, pero no solamente en Venezuela sino en otros países en la región”, manifestó la líder regional de la FAO a la VOA.

Takagi aclaró que no se trata de culpar a los gobiernos, sino de hacer un llamado de atención, pues son responsables de implementar las soluciones.

Regiones vulnerables

Otros países que aumentaron el número de subalimentados, aparte de Venezuela, fueron Argentina, donde la inseguridad alimentaria pasó de 8.300 millones en el periodo 2014 – 2016, a 14.200 entre 2016 – 2018; Haití, donde cinco de cada 10 personas sufren ese flagelo; y Guatemala.

En el caso de Argentina, el aumento de la pobreza, acompañado de la más alta inflación en casi tres décadas, y la devaluación de la moneda con un gran dependencia del dólar, el desempleo y el bajo valor de los salarios, aumentan el hambre, indica el análisis de la FAO.

América Central tiene una debilidad especial relacionada con la crisis climática que afecta la región porque, según Takagi, es muy vulnerable, debido a una sequía prolongada que ha generado un problema de migración, y es dependiente de la importación de alimentos.

A esto, hay que sumarle una dificultad institucional de recuperación de políticas de gobierno y fiscal, entre otras, aclara la experta.

Casi el 85 por ciento de los países en desarrollo fueron afectados por la crisis económica, destaca el informe.

No obstante, la FAO también resalta la labor de países que disminuyeron el número de personas con hambre, como son los casos de: Perú, Colombia, República Dominicana, México, Ecuador y Bolivia.

“(Son) países de diferentes niveles de desarrollo que invirtieron una visión de largo plazo de desarrollo, una visión de protección, de seguridad social grande (…) Son países que invierten en las personas y en desarrollo rural y en políticas vinculadas a la agricultura familiar”, comentó la líder regional de la FAO a la VOA.

En este sentido, Maya Takagi sugiere dar una mirada de largo plazo a los servicios, en especial en las áreas rurales, generar políticas de generación de empleo, no solo agrícola, sino también industrial; así como generar una cobertura integral en salud.

A los países que disminuyeron el número de personas con hambre, la FAO recomienda: “hay que aprovechar los momentos de mejora económica, invertir en estos periodos para reducir las vulnerabilidades en los periodos de más bajo crecimiento”, así como generar programas de inclusión productiva, protección social, infraestructura, y diversificar las fuentes de alimentación de la población.