Cómo ocultó México la contaminación de un río por transnacionales´

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El Gobierno de Jalisco mantuvo en secreto por casi una década un informe que muestra altas concentraciones de cadmio, mercurio, arsénico, plomo en menores de 12 años, mientras empresas como Hershey´s, Honda y Nestlé siguen vertiendo tóxicos al agua con la complacencia de las autoridades

El Estado mexicano ocultó durante 10 años un estudio que demuestra cómo las industrias llevan décadas envenenando a niños, jóvenes y adultos de varios pueblos, ubicados en la región de Jalisco, a través de los desechos tóxicos que arrojan en el considerado el «río más contaminado de México».

Así lo revela una investigación realizada por RT, en la que se documenta la manera en que industriales mexicanos y extranjeros han sido beneficiados por el gobierno pese a la catástrofe ambiental que ha provocado una epidemia de enfermedades entre pobladores de la cuenca Lerma-Chapala-Santiago.

El informe se hizo público este mes de enero, luego de que la Comisión Estatal del Agua de Jalisco mantuviese durante nueve años bajo reserva, y mediante un acuerdo de confidencialidad, un estudio realizado por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, en el que se observa una alta concentración de metales pesados en el cuerpo de niños que habitan pueblos a orillas del río Santiago.

«Los resultados de la población infantil respecto a los tóxicos ambientales, mostraron altas prevalencias de exposición a cadmio (77 %), a compuestos orgánicos persistentes totales (74 %), a mercurio (60 %), al ácido trans-mucónico (benceno, con 43 %), así como a plomo (35 %) y arsénico (30 %)», señala el informe al que tuvo acceso este medio, y que lleva por título: ‘Propuesta metodológica para la implantación de una batería de indicadores de salud que favorezcan el establecimiento de programas de diagnóstico, intervención y vigilancia epidemiológica en las poblaciones ubicadas en la zona de influencia del proyecto de la presa de Arcediano en el estado de Jalisco’.

El estudio fue realizado en 330 niños de las localidades de El Salto, Puente Grande, Tonalá, Juanacatlán, La Cofradía y Jardines de la Barranca, ubicadas a las afueras de la ciudad de Guadalajara, la segunda urbe más grande de México.

Sin embargo, al tratarse de una muestra representativa, los autores del documento estiman que más de la mitad de la población total de dichas comunidades registra niveles de envenenamiento por metales muy por encima de los estándares médicos.

De acuerdo con expertos consultados, las altas concentraciones de cadmio encontrados en la orina de casi el 80 % de los niños puede derivar en casos de insuficiencia renal crónica. También se encontró que las altas concentraciones de benceno habían generado un importante daño cognitivo en algunos de los infantes analizados.

Esto significa que el Gobierno de Jalisco tenía conocimiento de la situación desde hace casi una década y no hizo nada para revertir el problema, a pesar de los insistentes reclamos de la población y la mortandad silenciosa que se vive en la región, como consecuencia de la alta exposición al agua contaminada.

Una dinámica perversa alentada por las millonarias ganancias que generan empresas trasnacionales y gobernantes que privilegian las inversiones privadas por encima de la salud de la gente.

«Tiene veneno»

«Sientes que vas a morir», dice Mairo, un niño de 8 años, quien se acerca curioso a ver cómo documentamos la contaminación del río Santiago en un predio cerca de la presa de El Ahogado, en el municipio de El Salto, una de las zonas más afectadas por la contaminación.

«¿Te has metido al río?», le pregunta Enrique Enciso, activista integrante de la organización Un Salto de Vida, quien nos acompaña en un recorrido para observar cómo la espuma tóxica y hedionda se acumula en el caudal, a pesar de que a pocos metros se encuentra una planta tratadora de agua, que instaló el Gobierno federal hace ya varios años, con la intención de remediar la catástrofe ambiental que se respira en el lugar.

«Tiene veneno», responde el niño. «Yo me metía antes. Mis amigos se metían y murieron. Se metieron allá y tomaron agua», cuenta el pequeño. «Ya tiene mucho que no me meto», agrega.