Nicaragua: familias claman por ayuda tras estragos del huracán Eta

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Comunidades quedan sin comida, agua potable y viviendas tras el paso del huracán Eta. Urgen apoyo al gobierno del presidente Daniel Ortega, quien permaneció ausente durante la emergencia sanitaria

Una mujer observa los escombros de su vivienda bajo el sol en el Caribe Norte de Nicaragua. Foto Houston Castillo, Voz de América.

Puerto Cabezas, Nicaragua. – Catalina Marcial lleva tres días trabajando afanosamente para levantar a contrarreloj lo poco que quedó de su vivienda, tras el paso del huracán Eta por el Caribe Norte de Nicaragua, una de las zonas más pobres y vulnerables del país.

Marcial es una viuda de 52 años, quien habita junto a sus cinco hijas en la comunidad conocida como El Muelle, en el municipio de Puerto Cabezas. El poblado lleva ese nombre porque queda a orillas del Mar Caribe, donde atracan los botes que conectan con el resto de las comunidades.

En Puerto Cabezas y otros 14 municipios que integran la Costa Caribe de Nicaragua, Eta impactó el martes pasado como un huracán de categoría 4, acompañado de vientos sostenidos de hasta 240 kilómetros por hora, ocasionando una amplia destrucción.

Tras el paso de huracán, varios ríos se desbordaron, dejando a Puerto Cabezas prácticamente incomunicado del resto del país por vía terrestre. Durante un recorrido de la Voz de América por el lugar, los pobladores se quejaron de que por años han sido abandonados y que no se ha desarrollado ningún plan de emergencia para afrontar fenómenos como Eta.

Algunos servicios como el agua potable y la energía eléctrica se vieron afectados por el huracán. Incluso, para que la ayuda humanitaria pueda llegar al lugar, hay que pasar al menos dos ríos crecidos en lanchas pequeñas.

Los lugareños de El Muelle, al igual que el resto de los ciudadanos que habita en otras comunidades, esperan ayuda bajo sol y los escombros. Algunos damnificados comen solo una vez.

En la comunidad indígena Wawa Bar, a dos horas de Puerto Cabezas, la situación es mucho más caótica. Cándida Velásquez, salió de uno de los albergues donde se encontraba para ver la condición en que quedó su humilde vivienda en esa localidad.

“Nosotros vinimos hace cuatro días a ver si podemos recuperar algo de lo que se perdió y sobrevivir. Por eso estamos aquí. Cuando vine no sabía ni dónde era la entrada y salida. Tuvo que salir un muchacho a decirme dónde vivía. Esto era irreconocible”, lamenta Velásquez.

Otros costeños que se encuentran en El Muelle descansan en hamacas que fueron colgadas en pedazos de escombros que quedaron firmes a pesar de los vientos de Eta.

“Recuerdo que había mucha lluvia el día que el huracán llegó. La casa la dejé con mi hermano menor de 52 años. Fue bien horrible, nunca he visto un huracán así, nunca. El huracán Félix (que impactó la misma zona en el año 2007) no era como este. Mi casa quedó destruida, hasta me enfermé cuando vi cómo quedó mi casa. Las cosas que estaban ahí el huracán se las llevó”, relata en llantos Catalina Marcial.

Eta es el segundo huracán que ha impactado Nicaragua en los últimos 13 años. Félix dejó al menos 100 muertos en sus tres días por el Caribe. En cambio, Eta golpeó la zona por 24 horas, dejando dos mineros soterrados en el municipio de Bonanza. Sin embargo, el gobierno niega que murieron como efecto del fenómeno natural.

Más de 5.000 afectados

De acuerdo con un informe preliminar del independiente Centro Humboldt, más de 5.000 personas del municipio de Puerto Cabezas, en la Costa Caribe Norte de Nicaragua, fueron afectadas por el paso del huracán Eta. La institución asegura que la emergencia rebasó las capacidades gubernamentales.

El dato apenas es un haz de luz en medio del hermetismo del gobierno del presidente Daniel Ortega, quien no ha brindado información detallada de las afectaciones provocadas por Eta.

De hecho, durante el paso del meteoro el mandatario no apareció en cadena de radio y televisión para informar a la ciudadanía sobre la emergencia, postura que reprochan los lugareños.

Yasser Rodríguez, habitante de la comunidad de El Muelle cuestiona la ausencia del Estado, mientras coloca un pedazo de tabla en un marco improvisado, donde pretende construir una pequeña choza.

“Llevo días durmiendo en una hamaca al aire libre. Estamos tratando de hacer, aunque sea una champa de zinc”, lamenta.

“Aquí no hay gobierno, ni tan si quiera un peso (menos de 10 centavos de dólar) nos han traído para un agua. Estamos esperando su ayuda, pero son días que el gobierno no ha sacado su cara”, cuestionó Rodríguez.

Catalina Hodgson también se queja de la falta de agua potable y atribuye ciertas enfermedades como la diarrea y el vómito que sufren algunos, a la falta de salubridad en la zona.

“Necesitamos agua y aunque sea una libra de clavos. Nadie del gobierno viene a ver nuestros estados, nos tiraron solos aquí, el gobierno no ha sacado su cara”, dice Catalina, mientras intenta cerrar una letrina que colapsó por el huracán.

Gobierno centraliza ayuda humanitaria

En medio de las precariedades de los habitantes, algunos sectores de la sociedad civil han iniciado campañas de colectas para ayudar a los comunitarios, sin embargo, han denunciado persecución del estado, que según dicen, intenta “criminalizar la ayuda humanitaria”.

Organizaciones como la opositora Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) protestó por los “intentos del régimen de boicotear los esfuerzos por ayudar a nuestros hermanos de la Costa Caribe de Nicaragua”.

Según la Alianza Cívica, decenas de policías rodearon las oficinas de la Unidad Médica Nicaragüense (UMN), en la capital Managua, mientras intentaba coordinar el envío de ayuda a los damnificados.

“Además de mostrar una terrible ineficiencia en el manejo de la crisis por el huracán, la dictadura está boicoteando la solidaridad”, denunció la organización en su cuenta de Twitter.

Sin embargo, otros movimientos han hecho llegar el apoyo de forma clandestina, burlando el cerco policial, por medio de estrategias que fueron planificadas bajo consenso.

De momento, los cientos de familias en los alrededores de la Costa Caribe señalan que continuarán esperando la ayuda del estado, bajo la amenaza de una nueva perturbación que podría convertirse en huracán e impactar en los próximos días en el Caribe Central.

“Esperamos que nos ayude el presidente. No pueden dejarnos así. No tenemos nada aquí. Cómo vamos a comprar clavos, zinc. Yo no tengo marido, soy viuda. Así es mi vida”, enfatiza Catalina Marcial, caminando entre los escombros que hace una semana eran parte de su vivienda.

Ayuda del exterior

Algunas organizaciones y países han anunciado ayudas para los afectados. El embajador de los Estados Unidos en Nicaragua, Kevin K. Sullivan, informó sobre un desembolso de 100.000 dólares de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), los cuales serán destinados para los comunitarios más perjudicados por el fenómeno.

La ayuda del gobierno estadounidense será distribuida por las agencias de Naciones Unidas que se encuentran operando en Nicaragua, agregó el embajador Sullivan.

Por su parte, Japón, a través de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (Jica) donó a Nicaragua artículos de auxilio y emergencia, como tiendas de campaña, almohadillas para dormir, frazadas, purificadores de agua, bidones de agua y láminas de plásticos.