Miércoles, 30 de Noviembre de 2022
              

actualizado 10 de dic. 2014    
Sobre la inestabilidad y la protesta
Es igual de importante que los ciudadanos estén consientes del rol que tienen como detonadores de mejores condiciones
Por Ignacio Pareja Amador
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La estabilidad político-social es uno de los principales objetivos a los que aspira cualquier gobierno. En ciertos países es una meta que se logra mediante éxitos en distintos ámbitos, que contribuyen a que exista una mayor distribución en el ingreso, más oportunidades laborales, mejores esquemas de protección social; seguridad; educación, etc.

Para alcanzar dicho objetivo también es importante que exista una positiva percepción respecto a la manera en la que los gobiernos utilizan los recursos de los ciudadanos, esto es, privilegiando aquellas políticas públicas que coinciden con las demandas sociales, cuidando siempre el uso efectivo y congruente de los ingresos públicos, sin entrar en contradicciones con los valores de sus naciones.

En este tenor, es igual de importante que los ciudadanos estén consientes del rol que tienen como detonadores de mejores condiciones, tanto a nivel individual como en el ámbito colectivo. La responsabilidad del individuo es una de las principales cualidades que lo convierten en ciudadano, porque representa la aceptación de compartir el destino de su determinación geográfica con otros individuos, que tienen idealmente, buenas intenciones.

Sin embargo, estos escenarios de coincidencia entre el actuar gubernamental, las demandas sociales y la responsabilidad ciudadana son sumamente difíciles de alcanzar, sobre todo en los países en desarrollo, donde aún se percibe que los gobiernos son ineficientes a la hora de interpretar el interés general, la sociedad es apática en materia de participación democrática, o peor aún, prevalece la idea de que los lideres políticos utilizan los recursos públicos para enriquecerse directa o indirectamente.

Esta condición aumenta las probabilidades de que surjan movimientos que buscan romper con la –estabilidad- del grupo en el poder usando banderas legitimas como el combate a la corrupción, la impunidad, la pobreza, la desigualdad, o reclamando demandas básicas como seguridad, transparencia o simplemente efectividad gubernamental.

En países altamente desiguales siempre habrán argumentos legítimos para la protesta, pues ésta es la voz más inmediata que tienen los ciudadanos. La misma puede manifestarse mediante distintos niveles de malestar social, que van desde el descontento generalizado; que puede transmitirse incluso entre generaciones, hasta la protesta masiva; que pese a tener como origen una intención pacífica, corre el riesgo de ser la mascara perfecta para distintos grupos anárquicos, cuya intención no es otra que desacreditar las movilizaciones.

Cabe la aclaración de que existe otro riesgo que igualmente desacredita a la protesta como legitima voz de la ciudadanía: el control político. Cuando el individuo participa en alguna movilización sin querer hacerlo; esto es debido a la instrucción de alguna estructura jerárquica que lo condiciona, la protesta pierde toda legitimidad, pues se convierte en un instrumento de presión política que solo favorece los intereses de lideres, que por el simple hecho de condicionar la permanencia laboral con la asistencia a las movilizaciones, pueden ser considerados como autoritarios, tiranos u opresores. Además, cuando la movilización, pese a ser pacífica no se planea estratégicamente, puede vulnerar derechos de terceros, quienes culparán directamente a las personas que les impiden el paso, no a quienes son los causantes del malestar social.

En este tenor, la inestabilidad puede considerarse como un resultado negativo del excesivo cálculo de los gobiernos para tratar de obtener ventajas políticas del descontento social. Este cálculo político impide que la respuesta gubernamental sea inmediata y contundente, pues es percibida por la sociedad como una contestación reactiva, carente de intenciones de fondo. Cuando un gobierno se concentra solo en lo “urgente” y no en lo “importante” se apremia a la improvisación y por tanto, a la falta de orden en el uso de recursos económicos y humanos que siempre son escasos.

Tanto la inestabilidad como la protesta tienen su origen, y por tanto su solución en la sociedad. La adecuada interpretación de las demandas sociales debe ser la herramienta de contención que utilicen los gobiernos para prevenir que el malestar social pueda convertirse en una protesta masiva. Sin embargo, si lo que se busca es construir sociedades más libres, justas e igualitarias, donde la voz de la ciudadanía sea plenamente escuchada, no se puede dejar toda la carga al Estado, que debe concentrarse en funciones básicas para el desarrollo social, sino que es necesario que se transforme el actuar del individuo, activando su sentido ciudadano, convenciéndolo que el destino de un país es compartido y que el mismo se heredará a las generaciones futuras.

Twitter: Nacho_Amador

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