actualizado 17 de febrero 2014    
El peligro de los libros sagrados
Los defensores de la naturaleza sacra de la Biblia arguyen que el problema no es el libro en sí pero la interpretación que se le dé a la palabra de Dios
por Alberto Arenas, Ph.D.*
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La Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, una influyente iglesia evangélica de origen colombiano, ha sido la comidilla de la prensa colombiana en las últimas semanas a raíz de la aparición de un video donde la líder espiritual de la IDMJI, la Sra. María Luisa Piraquive, dice que Dios le permite discriminar contra personas con discapacidad. Según ella, su iglesia está en todo su derecho de impedir que personas con capacidades diferentes lleguen al púlpito debido a que está consagrado en la Biblia. Efectivamente, en el Libro de Levítico (Capítulo 21:16-24), Jehová le informa a Moisés que ningún ciego, cojo, mutilado, jorobado, con quebradura de pie o rotura de mano, o cualquier otro defecto podrá acercarse al altar para que no profane el santuario de Dios.

El incidente podría ser considerado como un hecho aislado, excepto por tres razones: La primera es que la IDMJI está activa en 45 países y territorios a nivel mundial, incluyendo una importante presencia en México. La segunda es que la iglesia tiene estrechos vínculos con el partido político colombiano MIRA (los creadores de la iglesia fueron los mismos fundadores del MIRA), y fue este el autor en 2011 de la ley anti-discriminatoria más importante de Colombia, la cual no hace mención de personas con discapacidad. La tercera es que hace uso de la Biblia para exculpar la discriminación.

Este último punto merece un análisis detallado ya que a través de su historia la Biblia ha sido usada como justificación para todo tipo de atropellos a los derechos humanos. Los defensores de la naturaleza sacra de la Biblia arguyen que el problema no es el libro en sí pero la interpretación que se le dé a la palabra de Dios. En el caso particular de la IDMJI, dicen los defensores de la Biblia, una interpretación más altruista entendería que personas con discapacidad tienen los mismos derechos que personas sin discapacidad.

El problema con este argumento es que grupos religiosos realizan dos tipos de lecturas, una más literal y una más exegética, según sus conveniencias e ideologías sociales y políticas. Por ejemplo, en temas relacionados con la sexualidad (p. ej. el homosexualismo, la prostitución, métodos anticonceptivos artificiales) líderes cristianos han adoptado una linea más literal y dogmática, pero en otros temas han decidido hacer caso omiso o simplemente minimizar pasajes de la Biblia que ellos han decidido son irrelevantes o de menor importancia (p. ej. 1 Corintios 11:14: “La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?”)

La misma IDMJI ha decidido ser más generosa y liberal en la interpretación de aspectos de la Biblia que le convienen como el de la ordenación de la mujer—que entre otras permite que la Sra. Piraquive sea su principal pastora—cosa que no aceptaría, por ejemplo, el catolicismo. En este tema el catolicismo ha decidido darle un análisis más textual y se aferra a epístolas como la siguiente, cuando Dios habla a través de San Pablo y dice (1 Corintios 14:34-35):

“Que vuestrasmujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación”.

Y claro, estas variaciones exegéticas, así como la tendencia a ser más absolutista solamente con ciertos temas, se extiende a todas las religiones del mundo que poseen libros que se les han otorgado un carácter sagrado: el Torá, el Corán, los Vedas, el Libro de Mormón, el Avesta, etc. Estos libros son considerados por sus creyentes ya sea como totalmente divinos (literalmente escritos por Dios, como es el caso del Corán) o de inspiración divina (como la Biblia), pero en cualquier caso no se permite un cuestionamiento más allá del otorgado por la ortodoxia del grupo. Todo lo que contenga el libro sagrado, ya sea de manera literal o interpretativa, es por definición inequívoco e inapelable.

Y ahí radica el gran peligro de los libros sagrados: Como sus creyentes consideran que estos libros contienen la palabra de Dios, ésta es manifiestamente inerrante, a pesar de contener aberraciones como aquellos pasajes sobre personas con discapacidad. De manera que se niega que la lectura del libro sea en realidad una respuesta a los intereses particularistas de los líderes teológicos del momento, así como de sus inclinaciones sociales y políticas.

Considero que una respuesta más saludable es restarles el carácter sacro de estos libros—después de todo fueron escritos por seres humanos—y tratarlos como libros de guía que se precian de ponderar sobre los temas más transcendentales de la humanidad. Es más beneficioso para el individuo y la comunidad que las religiones abran los temas álgidos de la sociedad al debate de manera respetuosa y usen los libros canónicos como fuentes clave pero suplementarias en la toma de decisiones. Esto inevitablemente requiere de una interpretación, pero esta debe ser hecha por cada feligrés, basado en su propia consciencia y no aquella dictada por las autoridades eclesiales.

Estoy consciente que semejante propuesta puede ser vista como blasfemia por los individuos más intolerantes de las religiones con libros sagrados. Sin embargo, mi propuesta permitiría considerar a los libros sagrados como lo que pretenden ser: Tratados de amor a toda la humanidad y a todo lo viviente. Pero como todo tratado, se debe considerar como falible y supeditado a un diálogo abierto y franco sobre sus fortalezas y debilidades.

*Profesor, Departamento de Enseñanza, Aprendizaje y Estudios Socioculturales, Universidad de Arizona (Estados Unidos)

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